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Candidatos bajo sospecha

viernes 25 de marzo de 2011, 09:52h
Actualizado: 28 de marzo de 2011, 13:06h
Por una vez y sin que sirva de precedente, estoy dispuesto a darle a mis lectores argumentos para que justifiquen sus críticas, para que, como hacen algunos que yo me sé, me puedan llamar sectario e incluso fascista, término periclitado que parece haberse puesto de moda entre aquellos que hasta hace poco defendían a rajatabla dictaduras como la de la antigua Unión Soviética o la todavía actual de Cuba, respecto a los que no piensan como ellos. En fin, a lo que iba, el calendario electoral agota sus fechas y ya quedan menos de dos meses para las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo. Permítanme que, como andaluz que soy, me centre en las municipales que son las que en esta ocasión afectan a esta mi querida tierra. La practica totalidad de los partidos políticos que concurren a ellas tienen ya cerradas sus listas y puede que sea porque comienzan a fallarle aspirantes o porque cada vez son más lo que no lo ven tan claro, el caso es que la mayoría de las fuerzas políticas vuelven a tirar de los que han hecho de la política una profesión y ya han formado parte de ayuntamientos y diputaciones. Ni Pepe Griñán ni Javier Arenas se han esforzado mucho por renovar sus candidaturas. Es verdad que el primero ha cambiado a casi todos los anteriores cabeza de listas de las capitales, pero lo ha hecho más como campaña de imagen que como apuesta efectiva, sabiendo, como sabe, que casi ninguno de ellos logrará gobernar en sus ciudades. El PP andaluz ha facilitado unos datos que ponen de manifiesto la capacidad de las fuerzas políticas para retroalimentarse sin tener en cuenta la opinión de los ciudadanos. Dicen los populares que en la actualidad hay en las ocho provincias andaluzas 106 cargos públicos socialistas (consejeros, directores generales, alcaldes y concejales) imputados en causas judiciales, de los cuales 14 han sido condenados; hay 31 ex cargos públicos imputados y 25 condenados y otros 14 implicados en casos en los que hay abiertas diligencias. De todos ellos, un total de 35 concurrirán a las próximas elecciones municipales en las listas socialistas, 31 de ello,s además, encabezándolas. Sobran los comentarios, pero hay que aclarar, para que no insistan en mi sectarismo que si el PP no tiene a tantos implicados es porque en Andalucía apenas si gobierna en un veinte por cientos de los ayuntamientos y ni que decir tiene que no tiene a nadie al mando ni en las diputaciones ni, por supuesto, en el Gobierno de la Junta de Andalucía. Y es que treinta años de gobierno ininterrumpido dan para mucho y provocan también que haya muchos que se aprovechen torticeramente de su puesto. Dirán que el estar imputado no significa nada y que todos tenemos el derecho a ser considerados inocentes mientras no se demuestre lo contrario. Llevan razón, pero cuando dicen todos, que sean TODOS, los de uno y los de los otros partidos. Y no me saquen a colación el Caso Gürtell que ya nos conocemos de sobra hasta el color de los trajes de Camps. Entre estos cargos públicos hay consejeros como Antonio Fernández, imputado por el asunto de los  EREs fraudulentos, delegados provinciales de la Junta, como el de Trabajo en Sevilla, Antonio Rivas, por el mismo motivo,  y el de Innovación en Granada por cohecho, que además es el candidato a la Alcaldía, alcaldes y concejales como los de Tarifa, Chiclana, Jerez de la Frontera (candidata a la Alcaldía), Grazalema, Armilla, Santa Fe Cartaya, Torredelcampo, Marmolejo, Mengibar, Porcuna, Cazorla, Estepona, Mijas, Cártama, Alhaurín el Grande, Coria del Río, La Rinconada, Mairena del Alcor y así un largo etecétera que pone de manifiesto que la política, al menos en Andalucía, no es lo limpia que todos los andaluces desearíamos. Convendría que alguien con la suficiente autoridad pusiera algo de orden en este maremagnum de corrupción que está colocando a Andalucía en el ojo del huracán del fracaso político, y para ello, nada mejor, que se apartara de las candidaturas a todos aquellos que estuvieran implicados en presuntas tramas de corrupción (incluído, claro, Camps). Solo así los ciudadanos volverían a recuperar el interés por la política que están perdiendo a pasos agigantados y sólo así volveríamos a ilusionarnos con un sistema que, cada día que pasa, nos defrauda un poco más.
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