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Fernando Jáuregui

Los apoyos de Rajoy

Los apoyos de Rajoy

 

Los apoyos de Rajoy

 

Fernando Jáuregui

 

Junio 20-07  Siento un gran aprecio personal por Mariano Rajoy. Lo cual no significa ni que me incline por el Partido Popular, ni que piense que el PSOE merezca quedar desertado. De hecho, me parece que un periodista no debe encuadrarse en ninguna formación política, sino en la crítica y el elogio cuando crea que el asunto lo merece. Simplemente, creo, y lo he dicho, que Rajoy hubiese sido un mejor primer ministro que Zapatero, al menos en ciertos aspectos, y que Zapatero hubiese sido un mejor jefe de la oposición. Algunas cuestiones de fondo se hubiesen retrasado, pero ello no habría tenido mayor importancia y, desde luego, nos habríamos ahorrado algunas tensiones.

Lo verdaderamente importante ahora es saber si Rajoy podrá o no gobernar si, en las próximas elecciones generales, cuenta con mayor número de escaños que los socialistas. Y es ahí donde los analistas políticos tendremos que poner el acento y escudriñar con mayor atención. Nada hará el PP sin alianzas, pero las alianzas son posibles y hasta probables: ahí están los altercados internos en Convergencia i Unió, que se deben, básicamente, al dilema de siempre: ¿hay que aceptar ir a cogobernar en Madrid, gane quien gane, PSOE o PP, en las elecciones legislativas? Ahí está Coalición Canaria, incluso el Partido Nacionalista Vasco, que, bajo ciertas condiciones, me da la impresión de que podría llegar a dar su apoyo crítico a un Rajoy triunfante…y moderado.

Pero, desde luego, tendrán que darse esas condiciones. Hay postulados antinacionalistas que los más duros en el PP tendrán que guardarse bajo siete llaves si quieren contar con los nacionalistas –imprescindibles—en una sesión de investidura. Cuando Aznar ganó, en 1996, los entusiastas, en la calle Génova, gritaban en aquella jornada victoriosa: “Pujol, enano, habla castellano”. El recuento de los votos, a lo largo de la noche electoral, indicó que el apoyo de los catalanes iba a ser imprescindible.

Aquellos gritos insultantes para el entonces president de la Generalitat podrían restar muchos apoyos y mandarlo todo al traste. ¿Qué hacer para dispersar a la multitud? Tengo el testimonio de que a alguien, en  la sede ‘popular’, se le ocurrió decir que se había recibido una amenaza de bomba, y que lo mejor era disolverse. Se disolvieron, y Aznar pactó, no sólo con Pujol, sino también con Arzalluz. Fue aquella legislatura de pactos su mejor Legislatura; luego vino la mayoría absoluta y, con ella, algunos dislates.

Seguro que Rajoy habrá aprendido aquella lección. Tendrá que moderar algunos postulados –ya lo está haciendo, él al menos—y tendrá que deshacerse de apoyos muy poco convenientes, como alguno mediático y otros que dicen representar a sectores sociales. Pienso, en concreto, en algunos que quieren escorar a las asociaciones de víctimas hacia posiciones muy extremadas, o en quienes tratan de presentar versiones conspirativas de lo que ocurrió el 11 de marzo de 2004, o en quienes quieren hacer del funcionariado una clase al servicio de un partido.

A Mariano Rajoy le quedan, suponiendo que Zapatero no adelante las elecciones, que no lo hará, creo, ocho meses para poner a punto para el combate el mejor PP. El PP razonable, tolerante, plural. Y ya se sabe que no todos están capacitados para formar parte de un ejército que quiera ser vencedor; desde este punto de vista, ya me parece una noticia preocupante la decisión, que creo que ya está tomada, de no celebrar el congreso del partido hasta después de las elecciones. ¿Le faltará el coraje a última hora a Don Mariano?

 

 

 

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