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Los príncipes herederos prefieren casarse por amor

El enlace matrimonial del Príncipe Guillermo de Gales con Catalina Middleton añade una nueva socia al ya mayoritario club de príncipes herederos que han optado de una forma inequívoca por casarse con las mujeres que aman y dejar así atrás la costumbre vigente durante siglos de elegir esposa por intereses de Estado. La tendencia se consolidó a mediados del siglo XX, cuando el heredero de Noruega, el actual rey Harald, entonces príncipe heredero, desafió a su padre, el rey Olav V, y le comunicó que sólo se casaría con su novia, Sonia. Ella era una joven nacida en el seno de una familia burguesa y cuyas habilidades se limitaban a las relacionadas con la costura y confección de prendas de vestir. Ellos encabezaron lo que se puede denominar una auténtica revolución de los jóvenes herederos al trono de las Casas Reales europeas, ya que plantearon un rechazo frontal a casarse obligatoriamente con princesas de sangre real y dejaron clara su voluntad decidida de casarse por amor. El argumento de todos ellos era que la vida de un príncipe o un rey es lo suficientemente dura, sus obligaciones muy estrictas y su vida privada e íntima tan limitada que preferían compartirla con las mujeres que ellos eligieran para que los deberes oficiales fueran más llevaderos. Y a este argumento se unía la tendencia evidente e imperante en las sociedades europeas de que siempre es mejor compartir la vida conyugal y familiar con la persona a la que amas y de la que estás enamorado a hacerlo con la persona elegida por tu familia con criterios de clase y económicos. En la actualidad, no hay ni un solo caso en las familias reales europeas en que los herederos al trono de sus respectivos países se hayan casado con princesas de sangre azul, si exceptuamos el pequeño Principado de Liechstenstein, o Bélgica, en donde el Príncipe Felipe se ha casado con la hija de una familia aristocrática. Pero los demás han elegido a sus cónyuges entre las familias de clase media e incluso media baja, lo que ha provocado reacciones a veces muy duras por parte de la opinión pública. Es el caso del heredero noruego que dio un paso adelante respecto al que dieron en su día sus padres, ya que eligió como esposa a una chica cuyo pasado fue calificado por ella misma de “salvaje”, en una humillante confesión pública en la que pidió a los ciudadanos de su país que le perdonaran sus pecados de juventud. En otros, las novias tuvieron que pasar un auténtico purgatorio antes de ser aceptadas por los padres de sus novios, como ocurrió con la princesa Máxima de los Países Bajos, cuyo problema era que su padre había formado parte del gobierno dictatorial argentino del general Videla, motivo por el que los progenitores de la novia no pudieron asistir al enlace matrimonial de su hija. La abogada australiana Mary Donaldson, hoy princesa heredera de Dinamarca, aceptó como inevitable que su suegra, la reina Margarita, impusiera un período de tres años de reflexión a su hijo antes de aceptarla como nuera. Y se le exigió que abandonara su país y su profesión para trasladarse a vivir a Copenhague y aprender la lengua de su futuro país antes de estar segura de que iba a ser aceptada. El príncipe de Asturias, con las ideas muy claras En el caso de España, las cosas estaban claras desde el principio para el Príncipe de Asturias. Cuando tenía 22 años, en un viaje oficial a Australia y Nueva Zelanda, don Felipe expresó a los periodistas que le acompañaban su inequívoca voluntad de casarse por amor ya que no se sentía obligado a elegir esposa entre las princesas. Y añadió una nota de humor a su declaración al comentar que además, el “mercado” de princesas era escaso y había poco donde elegir al ser muy limitado. Eso no impidió que de forma sutil o evidente, entre el año 1995 y el 2000, desfilaran por Madrid toda una colección de princesas casaderas pertenecientes a las más rancias familias del Gotha que, con la excusa de aprender español o hacer algún master en arte, desfilaban por delante de Felipe de Borbón, convertido en soltero de oro al que ninguna de estas jóvenes de la realeza parecía interesarle lo suficiente como para pensar en el matrimonio. Al final y después de varias relaciones sentimentales fallidas, el Príncipe de Asturias eligió casarse con una periodista española, divorciada para más inri, algo que irritó profundamente al sector más conservador de la sociedad que no han perdonado aún esa decisión del heredero al trono español. Lo consideran un auténtico desprecio a sus hijas casaderas, con una alta formación profesional, experiencia en las relaciones sociales de alto nivel y con dominio de varios idiomas. El futuro de los matrimonios populares Hay quien pronostica que esos matrimonios por amor de los herederos europeos son el principio del fin de una institución que siempre ha sabido que había que conservar un cierto misterio y mantener el glamour de un selecto club, que por definición debe ser muy estricto y al que es muy difícil entrar, si no imposible. Para ellos, estos matrimonios con jóvenes profesionales, ajenas totalmente al mundo de la realeza son anatema y los rechazan con todas las fuerzas de los que han estado dedicados siempre a mantener las esencias de la exclusividad. Pero para otro sector importante de la opinión pública, la única posibilidad de supervivencia para las monarquías es adaptarse a los tiempos y seguir las leyes darwinianas que marcan que para perpetuarse hay que volverse camaleónico y cambiar el color de la piel para camuflarse con el ambiente en el que te desenvuelves si no quieres morir en el intento y sucumbir en las fauces de los depredadores. Esas personas ven como algo positivo el matrimonio de los futuros reyes con personas del pueblo soberano que aportan una buena dosis de realidad a las monarquías y les ayudan a conectar con las inquietudes y problemas de los ciudadanos. Sin embargo, dentro de estos últimos hay también una cierta incertidumbre con lo que puede pasar si las Casas Reales se popularizan demasiado, algo que podría hacer desaparecer la esencia misma de la institución monárquica. Medio en broma, medio en serio, historiadores como Juan Pablo Fusi plantean que si una de las niñas que hoy están en la segunda línea de sucesión, como es el caso de España, se casa con un ciudadano de apellido Sánchez o García, el siguiente sucesor sería un Príncipe que perdería el apellido dinástico, en este caso Borbón, y sería un Rey con un apellido muy común a millones de ciudadanos de esa nación. Y si cualquiera puede con esta popularización de los matrimonios de los herederos ser príncipe, infante o rey, ¿para qué mantener una monarquía como esa? Para ver lo que pasará en ese futuro aún lejano, aún hay que esperar unos años y ver cómo evolucionan las cosas. Pero hay que pensar que aunque casarse por amor pueda poner en riesgo el llegar al trono, los príncipes del siglo XXI seguirán prefiriendo casarse enamorados y con la persona que ellos mismos elijan. La mayoría de ellos no va a querer renunciar a esos derechos por los que han peleado tan duramente muchos de ellos. * Carmen Enríquez es periodista y desde 1990 y hasta 2007 ha cubierto las informaciones de la Casa Real española para RTVE como coordinadora de la información relativa a Zarzuela.   Boda real: Encuentros y desencuentros de los Borbón y los Windsor   Lea también: Boda real británica: Encuentros y desencuentros de los Borbón y los Windsor La boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton llega a Facebook Web oficial en Facebook de la boda real entre el Príncipe William y Catherine Middleton Kate Middleton se une a las Infantas Leonor y Sofía en las portadas de la semana Se acerca la boda del año: de momento, Kate Middleton ya tiene el vestido La 'maldición' de las bodas reales 'paganas' amenaza a Guillermo y Kate Se acerca la boda del año: de momento, Kate Middleton ya tiene el vestido La Reina y los Príncipes asistirán a la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton
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