De victorias, derrotas y cambios de verdad
martes 24 de mayo de 2011, 20:28h
Tras los resultados electorales del 22 de mayo, como siempre sucede después de escuchar la voz de las urnas, se fijan un par de imágenes en las retinas de los ciudadanos: la de los vencedores y la de los vencidos.
Los primeros suelen lanzar mensajes de euforia, fanfarria barata y populista por todo lo alto y, generalmente, vanas promesas de que son la solución y van a ser el gobierno de todos los ciudadanos sin distinción. Gobernarán para todos, sí, pero la experiencia nos dice que las promesas se suelen quedar en, como mucho, buenas intenciones y nada más. Cada color tiene sus tendencias y a ellas se deben sus votos, sus idearios y sus futuros hechos.
El que pierde, mejor aún, el que pierde dejándose parte importante de su anterior poder, trinchado en jirones por el camino, se suele consolar -a sí mismo y a sus votantes- advirtiendo que "ahora sí que hemos entendido el mensaje de las urnas y vamos a realizar una profunda reflexión de cambio". Más de uno se acordará de una frase parecida pronunciada por Felipe González, sobre todo después de oírselas ahora a Zapatero y Blanco.
Depresiones postelectorales, dimisiones e inevitables movidas de sillones aparte, poco más hay que decir si nos remitimos a los hechos de nuestra aún joven democracia, tal y como la hemos vivido hasta hoy.
Personalmente creo que, en esta ocasión, hay varios elementos nuevos que, sin duda, van a configurar nuestro panorama político en un antes y un después, como nunca había ocurrido.
No voy a entrar en las múltiples consideraciones en las que, en las últimas horas, han abundado la mayoría de los comentaristas políticos: Que si "…CiU ha conseguido un éxito histórico en Catalunya"; que si el PP arrebata a los socialistas comunidades y ayuntamientos y logra cotas impensables hasta ahora…, que si la subida de la extrema derecha xenófoba -grave problema- y la irrupción pacíficamente explosiva de Bildu. No. Mientras unos se lamen las heridas, y los otros celebran un éxito que aún no acaban de asimilar, la fuerza social del 15M sigue en nuestras plazas y calles y se extiende por el globo.
Ahí tenemos, pues, a perdedores, ganadores y a un movimiento mayoritariamente joven que pide y exige soluciones -con una lista de propuestas concretas hechas públicas y publicadas- y que sigue reflexionando e intentando llevar su modélica organización de estos días, a una consolidación estable que pueda apuntalar y asegurar su continuidad.
El panorama empieza a ser interesante. Los socialistas tienen que hacer un esfuerzo serio de profunda renovación y continuar manteniendo la estabilidad socioeconómica del país. El PP debe dejar a un lado las celebraciones y, si quiere gobernar, deberá demostrar de una vez que es un partido de gobierno, empezando a ofrecer soluciones e, incluso, cumplir la última propuesta de su líder Rajoy: "desde hoy me pongo a trabajar y pongo a trabajar al partido"…, uno se pregunta ¿y qué han hecho hasta ahora?
La clave de este futuro a tres bandas -PSOE, PP y 15M- va a ser complicada. De momento, y de cara a las próximas elecciones generales, con o sin adelanto, los dos partidos políticos han de tener mucha mano izquierda -digamos guante de seda para no molestar a nadie- porque si éste movimiento social se consolida en los próximos días, semanas y meses, unos y otros van a tener que negociar y manejar con tiento esta maquinaria mediática que, hoy por hoy, es el mejor producto de exportación que tenemos con grandes simpatías universales.
Habrá que estar pendientes desde ahora de esta mesa de billar. En este juego de bolas, cuando uno menos se lo espera, salta la carambola que te cambia el juego y te convierte en inesperado ganador o perdedor.
Sin duda nos esperan unos meses de gran interés político de derrotas, victorias y cambios de verdad… ¡Así sea!.