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Y Andalucía destrozó los tópicos

Y Andalucía destrozó los tópicos

martes 24 de mayo de 2011, 21:24h
Actualizado: 27 de mayo de 2011, 00:40h
Creo que los andaluces aún no somos conscientes de lo que logramos hacer el pasado 22-M. Sencillamente hemos cambiado tres décadas de historia uniforme. Por eso hay algunos políticos socialistas que aún no se lo creen y siguen dándole sesudas vueltas a los análisis y culpando unicamente a la crisis económica del vuelco electoral y no a su manifiesta ineptitud y a su confianza en un electorado que siempre les había sido fiel. Por ello es necesaria una revisión de muchas cosas que han surgido de pronto, como por arte de magia, y que han modificado una forma de actuar que se daba por sentada. Por lo pronto se han roto en un día todos los tópicos que los sociólogos y politólogos han venido esgrimiendo durante treinta años, ya saben, "Andalucía de sociológicamente de izquierdas. La derecha sólo gana cuando los votantes se quedan en casa y sube la abstención". Primera mentira que quedó en evidencia el domingo. Pese a haber aumentado la participación en las elecciones municipales, la derecha no sólo barrió en las capitales y en las grandes ciudades (han ganado en 22 de las 25 primeras ciudades andaluzas) obteniendo numerosas mayoría absolutas, sino que también aumentó considerablemente su apoyo en los pueblos de menos de veinte mil habitantes y no sólo en las zonas más desarrolladas de la costa o en las ciudades dormitorios donde ya se atisbaba este cambio, sino incluso en los pueblos pequeños del interior de la comunidad, en la llamada Andalucía profunda, considerada por muchos como "el cortijo del PSOE". Convendría por lo tanto una revisión de los "tópicos políticos" que muchos han venido defendiendo desde hace tres décadas y que eran como la Biblia para los analistas. Como también era falso el lema voceado en los mítines de "ista, ista, ista, Sevilla es socialista", Por lo pronto, sólo dos distritos de los diez que conforman la capital de Andalucía, le han dado la mayoría al PSOE, los ocho restabtes, entre ellos zonas tan deprimidas como el Polígono Sur, Las Tres Mil Viviendas, Torreblanca, Bellavista (cuna de Felipe González), o parte de la Macarena apoyaron sin paliativos la candidatura encabezada por Juan Ignacio Zoido. Este simple ejemplo, paradigmático por ser la capital de Andalucía y una de las "joyas de la corona" del PSOE, debería hacer meditar a los socialistas que parecen negarse a reconocer que se han equivocado al dar por sentados unos votos cuya fidelidad se ha demostrado que no era tan fuerte cuando el paro y la miseria azotan con más fuerza a los barrios con menor poder adquisitivo. La pregunta que soltaba el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero en su mitin del Parque Amate en Sevilla, "¿Vaís a permitir que la derecha gobierne en la ciudad en que nació Felipe González?" ha tenido una respuesta contundente. Ha sido un sí como la Giralda de grande. No sólo vamos a permitirlo, le han dico, sino que vamos a concederle la mayoría absoluta más grande que nunca ha obtenido un partido en toda la democracia. Algo ha cambiado. Pero es más. Pepe Griñán y su Ejecutiva deberían meditar seriamente dónde han estado sus graves errores. Porque no sólo han perdido en las capitales donde presentaban nuevos y casi desconocidos candidatos como Juan Espadas en Sevilla, Juan Pablo Durán en Córdoba, Marta Meléndez en Cádiz, Francisco Cuenca en Granada o Juan Carlos Usero en Almería, también han sido derrotados en toda regla figuras conocidas y señeras del socialismo andaluz como Carmen Peñalver en Jaén, Petronila Guerrero en Huelva o María Gámez en Málaga. Incluso hasta la presidenta del PSOE andaluz y ex consejera de Cultura, Rosa Torres, ha comprobado como le pasaba por encima el tsunami popular en Antequera, dejándola en la oposición. ¿Y ahora? Pues con los resultados del domingo en la mano, y si Zapatero y Griñán insisten en agotar la legislatura, todo parece indicar que Javier Arenas tiene el campo libre y abonado para, en su tercer intento, llegar a la Presidencia de la Junta de Andalucía. Basta con que sus alcaldes recién elegidos no metan demasiado la pata y lleven a cabo una gestión eficaz y exenta de los despilfarros a los que los andaluces estamos acostumbrados. El presidente del PP-A acababa el martes la reunión con su Ejecutiva regional afirmando que "Andalucía ya no es patrimonio del PSOE, Andalucía es de los andaluces". Solo le falta que el cambio que se inició el domingo continúe por el mismo camino durante los próximos meses para poder comprobar si todo ésto ha sido un espejismo o, por el contrario, es una realidad que se impone en Andalucía tras más de treinta años ininterrumpidos de gobiernos monocolor.
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