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Jorge Semprún

Jorge Semprún

viernes 17 de junio de 2011, 18:15h
Actualizado: 29 de junio de 2011, 20:55h
alandazu@hoy.com.ec / Twitter: @JoaqHernandez Jorge Semprún ha muerto. Fue un hombre que respondió a plenitud a todas las encrucijadas intelectuales, políticas y culturales del complejo siglo XX europeo. Las asumió con la misma decisión que sus compañeros de generación: con la misma cuestionante profundidad que Camus; con el mismo sentido acuciante por el compromiso que Sartre pero sin las huellas de los caprichos y manías del autor de La naúsea; con idéntica fascinación que Malraux por las obras de la cultura y del sentido de su memoria pero sin la espectacularidad y protagonismo del autor de La condición humana. Tuvo un camino de conversión hacia la democracia similar, aunque desde la otra orilla política, que su coterráneo Dionisio Ridruejo. Si Semprún dejó la militancia comunista gracias a un proceso de cuestionamiento de todas las certezas adquiridas y de los ritos del poder del partido comunista, Ridruejo vivió a fondo un proceso igual de lucidez y desencanto desde la derecha falangista después de haber combatido como miembro de la "División Azul"en Rusia durante la Segunda Guerra Mundial y haberse hartado de la fanfarria y de la mediocridad del Régimen franquista. Republicano desde su infancia hasta el fin (fue enterrado a petición expresa suya con la bandera de la República española sobre su ataúd), miembro de la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial, prisionero en el campo de concentración de los nazis en Buchenwald, militante del Partido Comunista Español (PCE) y agente clandestino bajo el nombre de Federico Sánchez, demócrata y ministro de Cultura en el Gabinete de Felipe González, novelista, guionista de cine con Alais Resnais y Costa-Gavras, asumió desde el principio de su vida, cabalmente, lo que a veces no pasa de ser una declaración, la ciudadanía europea. Español de nacimiento, publicó casi la totalidad de su obra en francés. Gracias a su manejo del alemán, pudo sobrevivir en Buchenwald. No es difícil encontrarse con Semprún en nuestras preocupaciones y trabajos. La Autobiografía de Federico Sánchez fue más allá de narrar su militancia y su expulsión del Comité ejecutivo del PCE, el rechazo a la mentira burocrática y al totalitarismo corruptor de conciencias. Federico Sánchez se despide de ustedes cuenta en cambio sus breves años en el Ministerio de Cultura, sus recuerdos y sus amigos y su coraje al no haber caído en los juegos de poder, esta vez en las democracias, que exigen el sometimiento del intelecto y la pleitesía incondicional de los cortesanos. La escritura o la vida, el recuerdo febril de los conocidos y desconocidos que afrontaron como él la muerte en Buchenwald, sus despedidas, sus recuerdos, el "olor a carne asada" que no se va nunca ya y que anuncia la terrible vulnerabilidad de lo humano. "Tengo más recuerdos que si hubiera vivido mil años". Pero Semprún es más que eso. Es el hombre apasionado por la vida y por su aceptación, que puede evocar en medio de un Consejo de Ministros, predominantemente jóvenes, los versos de Saint-John Perse: "Madurez, tu mientes: eres un camino de brasas y no un camino de cenizas".  
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