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La ventaja de no tener sustituto

La ventaja de no tener sustituto

No es novedad, pero por si acaso hay que recordarlo: una de las mayores ventajas que tiene el MAS para gobernar imponiendo su voluntad política sin muchas dificultades es la de no tener al frente una oposición sólida y efectiva. Una realidad que favorece no sólo al Gobierno de Evo Morales, sino también a muchos otros gobiernos de la región, en la que es notoria la falta de sustitutos para la conducción política, como lo acaba de observar en breve análisis el ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti. No se trata de desmerecer las capacidades ni las aspiraciones de ciudadanos que creen tener chances de sustituir a los que detentan el poder. Se trata simplemente de relatar lo que la realidad se empeña en mostrar: hay carencias marcadas en quienes juegan del lado opositor para poder contrarrestar el poder avasallador de los que tienen el mando. ¿Acaso no es esto lo que ocurre en Bolivia? Tal como sucede en Argentina o en Venezuela, la dispersión marca la actuación de los opositores, a los que parece faltarles propuestas alternativas claras. Muchos de ellos se pierden en disputas internas, motivadas no por diferencias ideológicas o programáticas, sino por rencillas personales o pugnas de poder insulsas, cuando no por otros intereses ajenos al campo de la batalla política. Es lo que se percibe en Santa Cruz desde hace un par de años, pero sobre todo en los últimos meses: los aliados incondicionales de la lucha autonómica están hoy enfrentados a sangre y fuego, acusándose mutuamente de ser funcionales al MAS e incapaces de reconocer que lo único funcional al MAS es esa división. De más está que traten de convencer a terceros que atrás de las disputas hay sólo problemas de coordinación o diferencias irreconciliables, como las que suelen alegar los ex cónyuges al momento de demandar el divorcio. Lo que hay es falta de convicción y compromiso con un proyecto político alternativo que tampoco parece existir, favoreciendo así al avance sin freno del proyecto oficialista que, aun siendo negador de libertades y contrario a las aspiraciones autonómicas de las regiones, se ha convertido en el único en pie. Tambaleando, pero en pie. Por eso el MAS está logrando consolidar no solamente un amañado proceso para elegir a las autoridades del Poder Judicial, sino también proyectos que avasallan incluso los derechos de los sectores que dice defender con prioridad, como son los pueblos indígenas, como es el de la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos. El MAS se da el lujo incluso de burlar promesas hechas a sus bases sindicales mineras, enfrentadas por la posesión y la explotación de minas en el occidente, sin que estas burlas le signifiquen pérdidas o castigos. En cada uno de los casos, el gran aliado es la falta de oposición clara y con coraje para hacer frente al poder del MAS. Es lo que sucede con las elecciones judiciales: lejos de articular un frente que sea capaz de demostrar la falacia del proceso, la oposición se dispersa y confunde incluso al alentar postulaciones, argumentando que “no hay que ceder espacios”; ignorando, además, iniciativas surgidas desde la sociedad civil para frenar la elección tal como está planteada. En el caso de la carretera, los indígenas no han sido capaces de unirse en serio en torno a la posición del TIPNIS, cayendo también en la dispersión de fuerzas, similar a lo ocurrido con el sector sindicalizado de los mineros. Sólo en un par de situaciones el MAS fue frenado en su accionar prepotente y avasallador. En el gasolinazo que tuvo que revertir en menos de una semana, después de haber aprobado la medida, y en su llamada “nacionalización” de los hidrocarburos, que no fue tal, como hoy lo demuestran los hechos. En ambas situaciones, el freno sólo fue posible porque apareció la fuerza contraria necesaria: en el primer caso, los sectores sindicales, campesinos y gremiales que articularon una protesta efectiva; y en el segundo, los capitales financieros hábiles. Está claro también que las fuerzas contrarias surgidas entonces, en cada uno de los casos, no se tradujeron en movimientos opositores al Gobierno y modelo del MAS, sino que actuaron como tales apenas para defender sus intereses, como una eventualidad. No se constituyen, por lo tanto, en alternativas reales para sustituir al MAS en la conducción política del país. En cualquier momento, dependiendo de las circunstancias, volverán a ser aliados del oficialismo y respaldarán sus acciones de hecho o por omisión, como está visto en la elección judicial. Así las cosas, por el momento el MAS no tiene de qué preocuparse. Tiene el camino allanado para continuar avanzando en la imposición de su proyecto político, sin reparar en paradojas y contradicciones, y sin tener que preocuparse por el deterioro de la credibilidad en su líder y gobierno, porque simplemente no hay sustituto para la conducción política. Maggy Talavera es periodista.
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