jueves 21 de julio de 2011, 21:20h
Estaban casi todos, más de un centenar de alcaldes, concejales y diputados del PP andaluz que acudían al Parlamento para partidicpar en un pleno crucial, en el que se iba a decidir, con los votos del PP e IULV.CA, la incompatibilidad de alcaldes y presidentes de Diputación con el puesto de parlamentario andaluz. Los afectados en el PP son 16 alcaldes, entre ellos, los de Sevilla, Córdoba, Jaén, Huelva, Almería, Jerez, Marbella, Fuengirola o Tomares. Antes de inciarse éste, la foto de rigor ante la puerta del Salón de Plenos. Con Javier Arenas, en primera fila Juan Ignacio Zoido, Esperanza Oña, Pedro Rodríguez, Angeles Muñoz, José Enrique Fernández de Moya, Luis Rogelio Rodríguez Comendador, José Antonio Nieto, José Luis Sanz y un largo etcétera de cargos municipales presentes en la Cámara andaluza. El jefe de seguridad del Parlamento se acerca a Javier Arenas y le comenta educadamente que tiene órdenes de impedir que se haga la fotografía en cuestión. Órdenes ¿de quién? En teoría de la Presidencia de la Cámara. Pese al ruego, los populares se hacen finalmente la foto bajo la responsabilidad de Javier Arenas quien no duda en criticar públicamente a la presidenta del Parlamento, Fuensanta Coves, por "algo que no había ocurrido jamás en treinta años de autonomía" y por las formas dictatoriales que el PSOE emplea en lo que considera "su cortijo". Posteriormente, la presidenta Coves dijo que ella no dio dicha órden, pero es evidente que ésta emanó de alguien de su equipo, "más papista que el Papa" que pretendía hacer méritos ante Griñán y el Grupo del PSOE-A. Sea quien fuere, algunos apuntaban a su jefe de Gabinete, lo cierto es que en el Antiguo Hospital de las Cinco Llagas se rozó el ridículo y muchos, incluídos algunos parlamentarios socialistas, sintieron vergúenza ajena ante la postura y decisiones de algunos jóvenes impresentables, socialistas de nuevo cuño, que se sienten dueños del cotarro y están faltos de cualquier respeto por las formas en democracia y el normal juego de la oposición. Y no fue ese el único incidente, posteriormrnte, durante la lectura que hizo Zoido del comunicado de los alcaldes contra el asunto de las incompatibilidades, una insistente sirena interna de llamada, distrajo durante varios minutos la atención de los asistentes al acto. Algún miembro de la "vieja guardia" socialista me confesaba que estaba en contra de las incompatibilidades de los alcaldes y que, si hubiera libertad de voto, votaría en contra de la propuesta.