MODAS INFAMES 50Somos así
miércoles 10 de agosto de 2011, 13:57h
Cada verano, en la vieja España, y de forma recurrente en los últimos años, anda media población preocupada porque nuestros niños no alcanzan el nivel mínimo exigible para que, el día de mañana, se conviertan en hombres y mujeres de provecho. Su fracaso, el escolar -que es también el nuestro- es la consecuencia de la falta de valores que han carcomido esta sociedad del laissez faire en donde el esfuerzo, la disciplina y el respeto han pasado a ser, en muchos casos, palabras que hay que encontrar en algún estudio antropológico y no actitudes cotidianas entre ciudadanos de toda clase, edad y condición.
Aún así, nuestros hijos y nietos tienen infinitamente más suerte que muchos otros niños del mundo que, a juzgar por las noticias que nos llegan, tienen razones vitales para preocuparse y, por tanto, mucho más difíciles de superar.
Abro el diario y leo, por ejemplo, que hay pequeños camboyanos que se ven obligados a vender su propia sangre por cantidades que van de los cinco a los diez dólares por donación. En Camboya hay sólo 3 donantes por cada mil habitantes (los datos son aportados por el diario 'Cambodia Daily'), una cifra ridícula si la comparamos con los 38 donantes por cada mil habitantes existentes hoy en España que, aún así, está por debajo de los 45 que indica la OMS como cifra ideal para poder dar respuesta a las necesidades de sangre de la población de cualquier país.
África, América…
A miles de kilómetros de distancia, desde Nairobi, la agencia Efe nos informa, en medio de la canícula de este 2011, que UNICEF ya envía ayuda de emergencia al sur de Somalia, una de las zonas más afectadas por la fuerte sequía que azota el Cuerno de África, tras la retirada del veto a las organizaciones humanitarias decretado por el grupo islámico radical Al Shabab vinculado a la red Al Qaeda. Esta es la parte buena de la noticia; la mala es que la desnutrición alcanza al 80% de los niños de la zona en la que la sequía que afecta tanto a Somalia como a Kenia y Etiopía es La peor de los últimos 60 años y está afectando a más de 12 millones de personas.
Pero si damos el salto hasta América Central, las cosas no están mucho mejor. Cada día es asesinado un niño en Honduras, uno de los países con mayores tasas de crímenes de América Latina, donde los menores de edad no escapan tampoco a la violencia cotidiana y extrema que vive el país. Según un informe de la ONG “Casa Alianza”, en el último trimestre han sido asesinados 76 niños en el país, que da un promedio de un menor muerto violentamente al día, cifra que se mantiene casi constante desde 1998. En los últimos 13 años la ONG contabiliza 6.599 menores asesinados en el país. Allí los cuerpos de los menores pueden aparecer en zonas desoladas, a orillas de caminos, con señales evidentes de torturas que sufren antes de morir.
Gobiernos y opinión pública
Cualquier periodista o diplomático sabe, por experiencia propia, que los desastres no consiguen captar la atención de la opinión pública hasta que llegan a ser críticos. Y, aún así, por tiempo limitado. Entre tanto, los gobiernos -siempre rápidos en las declaraciones políticas- son lacerantemente lentos en la respuesta en forma de ayuda económica concreta, incluso en las catástrofes cercanas, de modo que las lejanas pueden llegar a constituir para ellos, como máximo, un problema de imagen.
Si, como dijo José Martí, los niños son la esperanza del mundo, hay mucho que hacer para que esta no se pierda porque la mezquindad del hombre es capaz de dejar morir a millones de niños en el cuerno de África mientras que, en Francia, asiste hipnotizado al análisis de las declaraciones de la camarera a la que, presuntamente, intentó violar DSK; a los dimes y diretes de demócratas y republicanos en USA para -in extremis- acordar salvar al país de la bancarrota, o en ultimar el maquillaje del fracaso escolar en España. Definitiva y tristemente, somos así.