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“Es Obama, estúpido”

“Es Obama, estúpido”

Los aspirantes republicanos han convertido el slogan de Bill Clinton de hace dos décadas, "Es la economía, estúpido", en "Es Obama, estúpido", para convencer a los electores de que voten por ellos en las próximas elecciones en las que, por primera vez en tres años, tienen esperanzas de poder recuperar la Casa Blanca. Les será muy difícil derrotar a Obama, pero ahora empiezan a ver algunas rendijas gracias a las encuestas que sitúan a Obama en el peor momento de su carrera presidencial ante la opinión pública del país, y a la aparición de Rick Perry, el gobernador de Texas, de cuya personalidad e imagen esperan un atractivo suficiente para enfrentarse a Obama. En el debate presidencial de hace algunos días, Perry no participó porque aún no había anunciado su candidatura, pero los ocho aspirantes a la Casa Blanca coincidieron en un punto, por encima de sus diferencias: todos prometieron que, de llegar a presidente, su primera meta sería destruir la obra de Obama. De ganar, sería la primera vez en 20 años que derrotan a un presidente en funciones: desde que el primer George Bush no consiguió ser reelegido en 1982, sus dos sucesores se pudieron mantener por dos mandatos. Obama tiene mucha fuerza todavía: primero porque las encuestas pueden cambiar mucho en los quince meses hasta los comicios, especialmente si la economía repunta y recupera favor popular. Y segundo porque el campo republicano tiene todavía muchas dificultades que nadie sabe si podrá superar. Hasta ahora, había una opinión generalizada entre los miembros del partido de que les faltaba un candidato atrayente. Con Perry hay nuevas esperanzas, pero es todavía un elemento desconocido que puede generar sorpresas negativas. E incluso si se confirma el atractivo personal que tantos esperan, tiene ante sí la espada de dos filos de su entronque político en Tejas, algo que lo identifica peligrosamente con George W. Bush, cuyos recuerdos negativos están todavía demasiado frescos. De momento, los republicanos entraron en una fase nueva tras la intensa actividad de sus candidatos en el estado de Iowa, donde comienza el proceso electoral, pues es allí donde empiezan las primarias para los dos partidos, en el mes de enero: si el nuevo candidato Perry entró en la liza, otro, Tim Pawlenty, abandonó la campaña y el Partido del Te eligió una nueva estrella en la persona de la congresista Michele Bachman que ganó la elección de ensayo entre los candidatos republicanos. Su victoria podría ser efímera, porque Bachman y Perry compiten por el mismo sector del Partido del Te y Perry parece tener muchas más tablas a la hora de hacer campaña, además de un historial respetable: es el gobernador que ha estado al mando de Texas durante más tiempo y, en sus 11 años de gestión, ha presidido un crecimiento espectacular en el mercado de trabajo. Bachman tiene la desventaja de venir del Congreso, generalmente un mal trampolín para la Casa Blanca. Si Perry no se desploma ante revelaciones comprometedoras de su vida personal o contradicciones inexplicables en su trayectoria política, es casi seguro que desbancará a Bachman y habrá de enfrentarse al candidato que hasta ahora ha ido en primer lugar, el ex gobernador de Massachussets Mitt Romney. Incluso quienes favorecieron a Bachman en el voto de ensayo de Iowa hace unos días expresaron sus dudas de que pudiera ganar, pero dijeron que la apoyaban para demostrar lo muy conservadores que son y de esta forma indicar al candidato ganador cuál es el camino a seguir. Por ese camino andan juntos tres favoritos del Partido del Te: Bachman, Perry y el congresista de Tejas Ron Paul, un hombre con posibilidades nulas de ganar las primarias pero adorado por los jóvenes y los libertarios y que siempre recoge buenos resultados en elecciones marginales. Quizá el fenómeno más interesante del Partido del Te es la evolución que ha ido siguiendo en los dos años desde que empezó a darse a conocer: acoge al mismo tiempo a conservadores moralistas y financieros, dos grupos que normalmente solo coinciden en sus simpatías republicanas. Es un acercamiento que les puede dar fuerza como bloque, pero su imagen conservadora, útil para ganar las primarias, les hace difícil conseguir el apoyo de independientes, republicanos moderados y demócratas desilusionados. Esa coalición de centro es la que permitió la victoria de Ronald Reagan en 1980 y los republicanos buscan a alguien con un atractivo semejante que por ahora no parecen garantizar ni Perry ni Romney. El proceso de las primarias acostumbra a modificar a los propios candidatos, en parte porque agudiza sus calidades políticas y en parte porque les lleva allá donde el público los quiere. Las esperanzas del partido están en que Perry se desplace hacia el centro como hizo Reagan -y señalan que ambos provienen de grandes estados del Oeste y del Sur y que Reagan matizó sus posiciones ante la realidad cotidiana como tal vez sepa hacer Perry. Por ahora parece que los republicanos han llegado al fin del camino y no hay más opciones que el gobernador Perry, con la popular imagen de cowboy y el optimismo del Oeste, o el ex gobernador Romney, mesurado y con un historial de éxitos políticos y personales, con posiciones de centro, pero con el el bagaje "exótico" religioso de ser mormón, identificado con las actitudes más progresistas de Nueva Inglaterra que en otras partes del país resultan elitistas -y con la carga negativa de su derrota hace cuatro años al no poder ganar las primarias republicanas.
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