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Los catalanes, hartos de tener al enemigo en casa

Los catalanes, hartos de tener al enemigo en casa

Imagínese usted, apreciado lector, que tuviera un hijo que le estuviera todo el día diciendo que el vecino de al lado quiere que en su casa usted haga lo que él manda y su propio vástago se posicionara a favor de las directrices del otro. Apuesto a que ya ni tan sólo lo encontraría intolerable sino que no le permitiría ni la más mínima insinuación sobre el tema. Y, en último caso, le indicaría dónde está la puerta. Como imagino que ya sabe usted por dónde van los tiros, aclararé que pongo este ejemplo de proximidad familiar para que no se me tache de excluir a nadie de su condición de catalán. Aunque, sinceramente, lo tengo claro: en Cataluña hay catalanes y habitantes del país. Cada uno demuestra lo que es con su actitud y no porque se le otorguen etiquetas como muchos, de forma falsamente victimista, pretenden. Bueno, y ya seamos más claros. En Cataluña tenemos el problema del anticatalanismo. Pero, pongamos por caso que en España se creara una corriente de opinión de, por ejemplo, aquellos que se definen como 'ciudadanos del mundo', y que se dedicaran a tocar las narices con cualquier aspecto que pueda explicarse como inherente a la españolidad. Sería, pues una circunstancia muy parecida. Y, a buen seguro, más de uno pondría el grito en el cielo. Pues debe comprenderse que los catalanes estemos hastiados de tener al enemigo en casa. Desde luego, ese enemigo no es quien no se declare independentista ni tan sólo nacionalista. Tampoco alguien que presuma constantemente de españolidad. La flexibilidad catalana para aceptarlo todo siempre ha sido muy elástica. Incluso, si se me permite, tal vez demasiado. Pero todo tiene un límite. Lo que ya no se puede tolerar es el activismo en contra del país. Como, por ejemplo, el de grupúsculos como Convivencia Cívica Catalana (CCC). Y lo digo en justo el día en que el TSJC publica el auto en que insta a convertir al castellano en lengua vehicular de Cataluña, a raíz de reclamaciones presentadas por CCC. El Tribunal es, en el fondo, el menos culpable del desaguisado. Pero lo grave es que en Cataluña, en nuestra casa, en nuestro país, tengamos al enemigo que quiere boicotear todo lo que suponga un avance para consolidar su particularidad, que es lo que pretende esta tropa con la inmersión lingüística -¿'Convivencia'?, ¡anda, ya!-. Y no son, claro, los únicos: sólo cabe fijarse en una formación como Ciudadanos de Cataluña, que en realidad tiene vocación de 'contra' Cataluña. O el propio PP, seguramente, en este caso, por otras razones de genética política. Y suerte que UPyD no se come ni un rosco en el ámbito catalán, porque sólo faltarían estos. En fin, que se puede entender que en España haya quien odie todo lo que suene a catalán -menos el tintineo del dinero, es obvio-. Pero lo último es tener que aguantar al enemigo en casa. Los catalanes estamos hartos.
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