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Gracias por venir

Gracias por venir

En vez de marcharnos de vacaciones los urbanitas 'huimos', los supervivientes del 'euribor' hacia el paraíso más lejano que se puedan pagar, lo más lejos posible de la geografía de sus preocupaciones cotidianas, los demás hacia el exilio interior del 'matrix sin' -sin atascos, sin ruidos, sin noticias- que se abre ante nosotros como una granada madura cuando, libres al fin por unos días o durante todo un mes de la dictadura del despertador, recuperamos el control sobre nuestras vidas y nuestras agendas, enfilamos el camino del 'pueblo' o de la simple 'escapada', y el coche -que tan injusta mala fama arrastra- deja de ser un instrumento de tortura y se convierte en instrumento de liberación.

   Según vamos 'desapareciendo' los 'nacionales' de la ciudad, más cosmopolita y mestiza se vuelve. O, mejor dicho: más cosmopolita y mestiza 'se la ve'. Más 'se ve' a los inmigrantes. El resto del año a veces ni reparamos en que quien nos sirve el café o el menú, lleva y recoge a nuestros hijos en el colegio, cuida y pasea a nuestros mayores o limpia (ellas) y construye (ellos) las casas que tenemos 'a medidas' con el banco es un inmigrante. Agobiados por la prisas y el stress, la mayoría de nosotros no les vemos cuando 'nos sirven', solo cuando 'nos molestan'. En las horas 'lata de sardina' del transporte público, las 'urgencias' (saturadas) de los hospitales, las larguísimas 'colas' que hay que hacer para cualquier gestión... Hay 'muchos', demasiados, decimos. ¿Seguro? Es verdad que nuestro Estado de Bienestar necesita reformas para soportar la presión de afluencia masiva de inmigrantes que registra nuestro país, pero, seamos justos: ¿cuánto resistiría sin la contribución de estas personas a la riqueza nacional?

   Nos quejamos, en mi opinión, de nuestra suerte: de la suerte que tenemos. Hagan el pequeño ejercicio de imaginar cómo serían nuestras vidas 'sin inmigrantes' en cualquiera de las situaciones que acabo de evocar, el cuidado de los hijos, los abuelos, la casa, la prosperidad del negocio familiar y no tan 'familiar'... O nuestra 'tasa de natalidad'. El número de defunciones 'nacionales' ya casi iguala el número de nacimientos. ¿Cuánto tardaríamos en no poder pagar por ejemplo las pensiones si no fuera por la contribución de las inmigrantes a rejuvenecer nuestra curva demográfica? ¿O alguien cree que las españolas nos vamos a poner a 'parir' por cobrar los 2500 euros de Zapatero? Hace unos años 'la necesidad' era 'suya', pero hoy es mutua. España no ha sido ni es un país rico: vivimos 'como ricos' gracias a los inmigrantes, por eso hemos pasado de 'servir' a que 'nos sirvan', sino, ¿de qué, cómo...? Facilitarles en origen 'los papeles' para que no sean pasto de las 'mafias' me parece la mejor forma de saldar la deuda de gratitud que yo creo que tenemos con ellos.

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