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Sin vacaciones

Sin vacaciones

lunes 30 de julio de 2007, 14:57h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:32h
    A simple vista, el mes de julio no ha sido muy boyante en nuestras costas. Lo escribo desde la playa del Dosel, en Cullera, donde ondea una gallarda bandera verde y hay menos bañistas de los esperados.

    Las opiniones de hoteleros y comerciantes y alguna estadística prematura parecen confirmarlo. Pero, claro, los que se dedican al negocio del turismo siempre quieren más y lloran si les queda una mesa libre o una colchoneta por vender.

    Enciendo la tele y veo a un locuaz restaurador alicantino quejándose de que los extranjeros, a diferencia de antes, sólo piden bocata de mortadela y una horchata con dos pajitas, para ahorrar. “Se han vuelto unos agarrados”, sentencia. ¿Y los españoles? Ya se sabe que los nativos somos los más rumbosos a la hora de gastar y que le sacamos más humo que nadie a las tarjetas de crédito, no vaya alguien a creerse que no nos sobra un euro para derrochar. Pero qué quieren: también empezamos a flojear. Las encuestas afirman que una tercera parte, al menos, nos quedaremos en casa y que los que viajan, como mucho lo harán unos 17 días de promedio.

    Economistas, sociólogos y demás fauna de analistas varios —¿por qué hay tanta gente dedicada a sacarle el polvo a la vida de los demás?— argumentan que la culpa de todo la tiene la subida de las hipotecas. Resulta que andamos todos pagando una hipoteca, o dos, por aquello del boom inmobiliario y, claro, al ir subiendo los intereses no nos llega ni para el bocata de mortadela de los ingleses.
Puede ser. La mitad de los que no viajan aducen que la económica es la causa principal de no hacerlo. Probablemente ésa sea una razón más humillante, pero también más sincera, que la de que en el hogar de uno “se descansa mejor”, “no me gusta salir de casa” o ya “vivo en un lugar de veraneo”, justificación de uno de cada cinco de los sin vacaciones.

    Al final, no sé cómo se las acaba arreglando el ministro del ramo, que nos salen siempre las cuentas macroeconómicas y seguimos siendo el segundo país del mundo en turistas per capita, si es que se puede decir así.

    A quienes más les salen los números es a los valencianos, cuya capital, por la que antes pasaban de largo los viajeros, se ha convertido en el destino turístico que más crece. A fin de año habrán tenido en Valencia dos millones de visitantes que habrán dejado 1.500 millones de euros. O sea, una pasta.

    ¡Y pensar que todavía hay tontainas que, allí y fuera de allí, se quejan de que se organicen grandes eventos como la Copa América o el circuito urbano de Fórmula-1!
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