La muerte de dos grandes del cine
martes 31 de julio de 2007, 19:46h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 03:01h
Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni
El lunes falleció el director sueco Ingmar Bergman (1918-2007), y al día siguiente el reconocido director italiano Michelangelo Antonioni (1912-2007).
Ingmar Bergman (89) falleció de causas naturales en su casa de la isla de Faro, en el mar Báltico. Estaba retirado desde 2003, cuando hizo el último y definitivo anuncio de aislamiento. El legado que deja es inconmensurable.
Sesenta años de carrera, 54 películas, 126 obras de teatro y la admiración pública de cineastas como Bertolucci, Allen y Spielberg. Una colección de elogios, premios y homenajes, como la Palma de Palmas de Cannes.
Bergman pasará a la historia por haber recorrido el mundo con un cine profundamente personal que sigue cautivando con historias basadas en su familia, en sus amores y desamores. Pero al final, sus últimos días los pasó sin poder superar la pérdida de su gran amor.
Antonioni, cuya familia informó el martes sobre su fallecimiento, logró amplio reconocimiento por trabajos como "La Aventura" ("L'Avventura", 1960), "Blow Up" (1966), "Zabriskie Point" (1970) y "El Pasajero" ("Professione: Reporter", 1975), algunas de las cintas que lo llevaron a obtener el Oscar honorífico por su trayectoria en 1995.
El cineasta italiano, nacido el 29 de septiembre de 1912, comenzó su carrera como periodista y banquero entre 1935 y 1939, año en que se mudó a Roma desde su natal Ferrara y comenzó a trabajar como crítico de cine para la revista Cinema y otras publicaciones. En la década de 1940 trabajó como asistente de dirección y escribió guiones para grandes cineastas italianos, como Federico Fellini y Roberto Rossellini, entre otros.
Estaba en silla de ruedas tras un derrame cerebral padecido hace veinte años, pero eso no le impidió seguir trabajando, con muchas dificultades para moverse.
Brillante intelectual, autor o coautor de la mayoría de sus guiones, sus películas reflejan una mirada muy personal sobre la realidad en la que el uso del simbolismo visual acerca a temas como la alienación, el aburrimiento o el erotismo sin amor.