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¿Cómo está la economía argentina hoy?

¿Cómo está la economía argentina hoy?

miércoles 01 de agosto de 2007, 17:32h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:26h
Hace un año aproximadamente, concluía una nota titulada “¿Cómo está la economía argentina hoy?”,  de la siguiente forma:                            
… “Los gatillos tradicionales en las crisis argentinas han sido devaluaciones cambiarias, caída del sistema financiero o cesaciones de pagos de la deuda pública. Hoy las tres opciones son lejanas dado que la moneda está artificialmente devaluada, no existen vencimientos que hagan poco probable honrar la deuda en el mediano plazo y el sistema financiero luce robusto, gozando de gran liquidez.
Si uno se remite a los datos técnicos y elimina la pasión de un lado y del otro se va a dar cuenta de que los números ya no son tan buenos como antes, que comienzan a marcar una desaceleración gradual importante,  pero que no son el precipicio a la vuelta de la esquina.
Hoy el riesgo son mayores niveles de inflación, ausencia de inversión y desaceleración económica de mediano plazo, generando distorsiones y vulnerabilidades múltiples de las cuales ya no se pueda escapar fácilmente. Es probable que, de continuar esta tendencia, para principios del 2008 el deterioro sea mucho más marcado y por ende más difícil de revertir.
El dato positivo es que todavía existe espacio para corregir las vulnerabilidades que aparecen en el nuevo modelo y así ahorrarnos una gran cantidad de costos futuros. ”…

Ha pasado ya un año y la inflación real se ha incrementado, la inversión continúa sin presentarse en la cuantía necesaria para expandir la oferta agregada, la economía se desacelera gradualmente, con impactos significativos en algunas naves insignias, como es el caso de la construcción.
Las distorsiones  y vulnerabilidades múltiples (tales como precios,  presiones salariales crecientes, problemas sindicales, obstrucciones y amenazas a las empresas, falta de energía, problemas de infraestructura que van desde el suministro de agua potable hasta los puertos y las rutas, estrangulamiento de varios sectores, devaluación de entes gubernamentales supuestamente autárquicos y clima de incertidumbre, entre otros) comienzan a formar parte del paisaje cotidiano de nuestra economía.
Ahora frente a este cuadro tanto el gobierno como la oposición sólo deliberan sobre temas abstractos de forma, con una retórica sin sentido y con la mirada perdida, sin focalizarse en problemas concretos. ¿Por qué será que  uno tiene constantemente la sensación de que en la Argentina  se da “la vida por una elección” y después “Dios dirá”?
¿Por qué no se trabajó para consolidar los superávits gemelos (comercial y fiscal), los cuales son esencialmente buenos y protegen a nuestra economía de efectos exógenos adversos? Los mismos siguen perdiendo peso específico en nuestra economía, a manos de un gasto público que aumenta exageradamente y al menor crecimiento de las exportaciones en relación con las compras externas, como consecuencia de la ausencia de políticas sustentables en materia de exportación y un consumo impulsado artificialmente.

La situación actual era difícil de predecir pero fácil de avizorar. No se pueden desafiar por siempre, viviendo en el planeta tierra, las fuerzas de la gravedad. El punto más importante, para no detenernos en temas accesorios, es señalar cuáles son los temas que pueden contribuir de manera significativa al desenvolvimiento económico futuro de nuestro país. No vale la pena seguir perdiendo tiempo en luchas sin cuartel por causas perdidas. Repito, es necesario focalizarse  en problemas concretos y por lo menos dar respuestas a las necesidades urgentes de manera eficiente. Este tipo de problemática fue abordada de manera consistente por países como China, Irlanda, Suecia y Chile, entre otros, los cuales disfrutan hoy de los logros de haber encarado las reformas pertinentes de manera oportuna.

Es absolutamente necesario, imprescindible y urgente tratar el tema de la crisis energética con mayor seriedad y sinceridad, administrando una política integral que conjugue un plan de ahorro y racionamiento, junto con los ajustes necesarios en tarifas, que apunten a garantizar la autosuficiencia en esa materia de mediano plazo.

Por otra parte, resultaría positivo comprender que necesitamos inversiones para crecer de manera sustentable de mediano plazo y que sería beneficioso tener una amplia gama de políticas a tal efecto. Me pregunto: ¿Cómo se planea incrementar la oferta agregada sin inversión y sin energía?
Para potenciar la inversión lo primero que habría que hacer es modificar la imagen. Es positivo terminar con las defraudaciones y transgresiones constantes de  quienes confían ó confiaron en algún momento en nosotros, sean pequeños ahorristas, actuales ó futuros jubilados, grandes inversores locales e internacionales. Debe germinar el respeto, la seriedad y el honor de respetar la palabra empeñada, sino nada bueno ocurrirá con seguridad.

Es imprescindible eliminar la inflación en un marco de desarme del andamiaje de controles de precios, parches y subsidios, los cuales saturan nuestra economía y que no han traído ninguna clase de beneficios,  y  sólo han restado eficiencia y transparencia. Es básico, no se puede pretender fijar todos los precios al mismo tiempo, ni subsidiar todo lo que no entra en nuestra ecuación mental.
El sistema de precios es hiper complejo y no aporta nada a la tan mentada previsibilidad necesaria para atraer inversiones, tanto propias como foráneas. Debemos normalizar pero sin descuidar un plan de contención general para evitar mayores desbordes inflacionarios, siendo totalmente inválido el argumento de: “no se puede hacer”.
Tampoco es serio decir, como sostiene el último premio Nóbel de economía Edmund Phelps, que la inflación ayuda al crecimiento de la economía.
 
Paralelamente, no podemos seguir descuidando, como lo hemos hecho desde el año 2005 en adelante, el aspecto fiscal en donde el crecimiento del gasto público tanto del gobierno nacional como el de muchas provincias roza la irracionalidad. El superávit se viene reduciendo dramáticamente y si no fuera por la contabilidad creativa y los traspasos al sistema de reparto de los jubilados, entre otros, ya hubiera desaparecido. El programa financiero, si bien no es un escollo infranqueable, en un contexto adverso se puede complicar, y no parece ser una idea inteligente  recurrir a mandatarios de otros países que circunstancialmente les resulta funcional aportar el dinero necesario.
La historia fiscal argentina es nefasta y ha tenido gran responsabilidad en nuestras catástrofes económicas. ¿Por qué nos cuesta tanto aprender cosas elementales, con tanta experiencia propia y ajena al respecto?

La actual administración tiene un activo, a mi juicio inobjetable, en cuanto a su gestión y es que, de una forma o de otra, ha mantenido un resultado fiscal superavitario a lo largo de todo su mandato. Esto no ha ocurrido con ninguno de los gobiernos desde la Primera Guerra Mundial en adelante, salvo la reducida gestión del Presidente Duhalde. Este activo debe ser cuidado al máximo y si es posible potenciado. Los beneficios de esa política de austeridad de largo plazo son evidentes, aún para los más reticentes, ya en el corto.

Hoy la economía comienza a presentar esos síntomas de desgaste de los cuales hablé el año pasado, que probablemente se harán más evidentes de seguir transitando estos caminos, en el primer trimestre del año que viene. No fue el precipicio a la vuelta de la esquina, pero si un desgaste gradual que fue erosionando de a poco a muchos sectores de la economía hasta dejarlos vacíos, sin fuerza, sin competitividad, sin posibilidades. En este escenario, la discusión termina centrándose, erróneamente, en la competitividad cambiaria.
La Argentina debe hacer todo lo posible para incrementar el dinamismo y la innovación de la economía, que garantice el crecimiento y desarrollo de nuestra economía de largo plazo.
Muchos sectores industriales y exportadores ya están poniendo el grito en el cielo porque sus márgenes se han destruido, e incluso el sector del campo, si no fuera por los precios internacionales, estaría sumamente complicado para exportar ciertos productos. Ahora la gran pregunta es: ¿qué vamos a hacer para solucionar la competitividad de los diferentes sectores de nuestra economía, devaluar continuamente nuestra moneda nacional?
 
Todos los problemas de la economía argentina de hoy tienen soluciones concretas y de no muy difícil aplicación,  lo oportuno es implementar las medidas más temprano que tarde.
Hoy mi mayor preocupación pasa porque nos quedemos con escaso o sin margen para hacer las reformas necesarias para seguir andando, margen del cual gozábamos en demasía años atrás.
Pareciera que estamos zambullidos en un letargo interminable, ausentes de conciencia sobre, por ejemplo el escenario internacional, el cual está cambiando y no será, tomando una hipótesis optimista, tan favorable como antes.

Los problemas existen, como la tierra se movía alrededor del sol hace cientos de años cuando se negaba dicho movimiento, mientras otras economías que son competitivas respecto de la nuestra avanzan con prisa y sin pausa hacia metas concretas, en tanto nosotros seguimos empantanados deliberando si la tierra se mueve o no.

Lic. Sergio Javier Mantoni 
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