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Rosa se va con espinas

Rosa se va con espinas

El ministro, de nombre de cantaor flamenco, o de dinastía de torero, ha aceptado encanado lo que ya estaba anunciado: la dimisión de Rosa Regás como directora de la Biblioteca Nacional. Se va, altanera, alegando que el ministro la ha ofendido, diciéndole que en tres años en el ejerció del cargo no ha hecho nada más que crear problemas.

La verdad es que el ministro tiene razón, y que doña Rosa, una intelectual libre y díscola, sectaria e intratable, no tenía que dimitir porque se llevase mejor o peor con su jefe, sino porque se le han ‘distraído’ dos valiosos manuscritos que ella no supo guardar de la acción de los cacos. O tenía que haberse marchado porque su talante no es el del Gobierno (o el que debería ser el del Gobierno). O porque insultó gratuítamente a los trabajadores de la Biblioteca Nacional. O porque enfadaba a la gente. O porque agraviaba a los periodistas que no pensaban como ella.

 O porque, sencillamente, como su antecesor, otro intelectual que era casi un ‘abertzale’ devenido en admirador del aznarismo, Rosa Regás hizo muy poco por la Biblioteca Nacional y por la cultura, en sentido amplio y tolerante, que necesitamos en España. Ahí tiene razón don César Antonio Molina. Ya advertimos hace más de un mes de que doña Rosa iba a partir: era incompatible con los nuevos aires que llegaban.   

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