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De Zero a 100

De Zero a 100

jueves 04 de octubre de 2007, 12:29h
Actualizado: 16 de octubre de 2007, 10:08h
Poco a poco se fueron congregando en la segunda planta del Círculo de Bellas Artes artistas de toda índole, políticos y defensores de la ‘comunidad’ en un ambiente que se cargaba cada vez más. El calor se hacía insoportable, con la ópera a todo trapo, y costaba ‘entender’ cómo en un lugar con tantas ambiciones de glamour se permitían esos lujos.
Alaska, Zerolo, Tamara (“no cambie, no cambie”), Paco Clavel e Inés Sabanés eran unos de tantos en aquella masa (gran poder de convocatoria, Zero), dentro del horno, y en el que todos, no sólo unos de tantos, pudimos ser portada –tamaño foto Polaroid- de la revista a modo de bienvenida ¡sorpresa!

Pero los canapés, deliciosos y abundantes (sobre todo si una se sitúa estratégicamente), dispuestos sobre la bandeja en forma de erizos, de los que cada pincho era el idem del comensal, aderezados con tomate, queso, gambas o huevo, y la inagotable cristalería de refrescos y bebidas alcohólicas que se paseaban, compensaban el hacinamiento, que para que usted se haga una idea era igualito al del metro a las 8 de la mañana.

En general, buen ambiente, en todos los sentidos. Como en toda celebración, todo era buen rollo, sonrisas, bonitas palabras, gestos simpáticos… y todos tan progres y zero prejuiciosos, se estaba tan a gusto.

Un par de travestidas hacían por animar el cotarro, que medio-arreglaba el interminable discurso de la que parecía la viuda de Kurt Cobain desintoxicada, cuyo mensaje era indescifrable, entre el desastroso sonido de la grabación y el postizo acento yanki de la artista.

Sobre el escenario, las trans cantaron cumpleaños feliz a Zero, autopromocionaron repetidamente sus pinitos en la tele y el teatro y le dedicaron una canción a Chueca; habló el director de la revista, que dedicó unas palabras a los gays del ejército y la guardia civil… pero el momento estelar llegó con la Terremoto de Alcorcón, con su particular versión española del último single de Dover (ese en el que la cantante del grupo no deja de mover la cabeza de izquierda y derecha hasta la papilla) con el estribillo: “estoy cansada, muy aburrida, enajenada” y detrás dos bailarines travestidos y con barba imitando a la original con la peluca.

En definitiva, una fiesta llena de gente, bebida y comida, pero en lo artístico poco preparada, “cansada, aburrida…” y, por qué no, también “enajenada”. Y de nuevo una imagen carnavalesca de la homosexualidad, un disfraz que juega con los límites de la sexualidad, la transformación de hombre a mujer, pero con el deseo de que se tome en serio su normalización.
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