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La inútil generalización

La inútil generalización

lunes 17 de octubre de 2011, 17:41h
No es serio que todo un ex presidente -en esta caso José María Aznar- reduzca lo que representa el 15-M a "un movimiento marginal antisistema de extrema izquierda". Pues no. Ni es eso ni es lo contrario porque el 15-M, lo de "democracia real, ya" o "los indignados" tal vez sean la escenificación urbana y global de muchos y muy diversos hartazgos. Por eso resulta contradictoria en ocasiones, exagerada unas veces, utópica otras y es muy fácil que se cuelen por las rendijas de las asambleas todo tipo de cazadores furtivos: desde los violentos a los partidos con sede y subvención. Pero calificar/descalificar con dos palabras la manifestación de un descontento social, resulta demasiado fácil y demasiado inútil. Y si digo esto es porque un servidor, bastantes años antes de que pasara lo que pasó en la Puerta del Sol, venía reivindicando allí donde querían oírle "una democracia manifiestamente mejorable" en una Europa cuya unión por el euro provocaba un cierto escepticismo, esa sensación de inseguridad que se siente cuando se empieza a construir por el tejado o al menos sin cimientos.

Que esto no funciona es algo evidente; ni funciona la democracia española como habíamos imaginado en la transición, ni funciona el modelo de mundo globalizado incapaz de entender que el fracaso atroz del socialismo no significaba la santificación sin más del capitalismo, como viene quedando demostrado.

Generalizar es inútil y simplificar no es bueno y es injusto, tan injusto como pedir soluciones concretas a quienes resumen en un slogan más o menos ingenioso su desengaño, su ira o su sueño. Naturalmente que dentro de ese maremagnum de indignaciones se cuela la violencia gratuita y marginal de la misma forma que en la muy reglada vida política del sistema se cuelan hasta decir basta los mangantes, los vagos y lo estafadores y si les molesta a los buenos la generalización de que "todos los políticos son iguales", también puede molestar en la otra parte el reduccionismo fácil de la marginalidad a los que no están de acuerdo con cómo funcionan las cosas.

Es inútil tratar de juzgar lo que es el 15-M como un todo y de la misma forma que recomendaba humildemente que después de los primeros días de acampada lo mejor era disolverse para no caer en la trampa de de la cotidianeidad aburrida y falta de frescura, me opongo ahora a que nadie corte por lo sano y pretenda resumir -ni para bien ni para mal- el desencanto y la esperanza que ha sacado a la calle a mucha gente en muchos sitios.
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