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La regeneración de los partidos

La regeneración de los partidos

martes 22 de noviembre de 2011, 18:34h
En España no disponemos de una Escuela de la Administración Pública, como en Francia, donde se forman los futuros políticos. Profesionales que sepan qué tienen entre manos. Por supuesto, tampoco lo hacen en las Facultades de Ciencias Políticas. Los cuerpos de la Administración del Estado, donde hay extraordinarios profesionales, hace tiempo que dejaron de ser cantera de cargos públicos, aunque algunos caen en la tentación, mientras la mayoría sigue en su trabajo o bien opta por la empresa privada.

La mayoría de los políticos españoles se forma en las filas de los propios partidos o en sus Juventudes. Algunos, con escasa preparación técnica, cultural y educativa, van escalando puestos poco a poco, casi siempre más por su capacidad de servir y obedecer al líder -no digo ya por el servilismo o el peloteo- que por su capacidad de análisis, de gestión de los problemas o de liderazgo. Sólo con eso se puede llegar a ser ministro. Con excepciones dignas de alabar, cada vez es más difícil encontrar curriculos de ciudadanos que con experiencia en la empresa, sea cual sea el sector, que hayan tenido que competir en condiciones de exigencia y de resultados. El desconocimiento o la osadía pueden encumbrar casi a cualquiera al liderazgo de un partido. Tenemos ejemplos. Eso nos debería hacer reflexionar.

Por eso no es de extrañar que las maquinarias de los partidos respondan a esa misma mediocridad, se cimenten sobre el poder absoluto del líder -el de cada momento-, y se protejan con eso que llamamos "el aparato", un pequeño grupo que lo dirige todo, que lo controla todo y que, sobre todo, hace las listas electorales y premia o castiga a los que no aceptan sus reglas.  Un poder absoluto sin contrapeso alguno. Ni interno ni externo.

Ahora que acaban de pasar las elecciones y que se ha producido la peor derrota de la democracia para un partido histórico como el PSOE, sorprendentemente no hay responsabilidades políticas. Las hay, pero nadie las asume. ¿Ha perdido el PSOE, el secretario general, el candidato, la directora de campaña, el portavoz, el Gobierno, la Ejecutiva? Ni una sola dimisión mientras todos luchan, en la superficie y bajo tierra, por mantener o conquistar el poder del aparato y controlar la sucesión.    

Es muy difícil que con ese tipo de actuaciones la clase política pueda recuperar el crédito y la confianza de los ciudadanos. Hay, tiene que haber, otra forma de hacer política que, lejos de los movimientos asamblearios, ofrezca participación a los militantes y a los ciudadanos y atraiga a los mejores. Los necesitamos. Una forma de hacer política que pasa por la formación, por la selección de los mejores, la sinceridad, el compromiso, el reconocimiento de errores, la unidad en tiempos de crisis, el esfuerzo colectivo, la negociación, el cierre de filas, nuevas ideas... Si los partidos no proceden a su propia regeneración ética será imposible regenerar la política y acabar con la desconfianza colectiva.

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