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Y sin Europa, ¿qué seremos?

Y sin Europa, ¿qué seremos?

jueves 08 de diciembre de 2011, 18:59h
Todos dicen, en tono cada día más apocalíptico, que el partido que se juega ahora en Europa es decisivo. O más Europa, o Europa estalla. O se refuerza el euro, o adios a la moneda única, con todo lo que puede pasar si volvemos a los esquemas de los años noventa, y vaya usted a saber qué es lo que puede pasar, que en eso tampoco hay consenso. El problema es ese: que los dos 'grandes' quieren imponer a los otros -y no hablamos solamente de los miembros del 'club UE'-integrantes del Viejo Continente una disciplina que es 'la' disciplina franco-germana. Una política tranquila, pero terriblemente tozuda, y un descreído ambicioso se han convertido en los nuevos amos del Sacro Imperio, han decidido demoler los cimientos que impuso el Tratado de Lisboa -bien precario y efímero Tratado, por cierto-y establecer un orden nuevo, que a ellos les beneficia y con el que todos los demás debemos conformarnos para evitar males mayores.

Y lo peor de todo es que puede que no quede otro remedio. Espléndido panorama para incrementar el euroescepticismo ya rampante en tantas otras instancias. Pero nosotros, aquí y ahora, no queremos incidir en cualquier postura antieuropeísta, porque creemos, al contrario, que Europa es necesaria para España, aunque no sea la única solución para evitar la vuelta a una autarquía suicida. Cierto que la Unión Europea está aquejada no de una crisis económica, sino de una enorme crisis política que propicia la mala situación económica.

Aquellos grandes líderes de la Comunidad Económica Europea han sido sustituídos por políticos endebles y por burócratas incapaces que han sido colocados en sus puestos por aquellos políticos endebles. No han sabido gestionar una crisis forjada en los Estados Unidos y de las que Norteamérica poco a poco se va librando, tras habérnosla exportado. Tampoco han sabido vencer las perfidias de esas instancias supranacionales, de esas agencias de calificación que se amparan en el término inaprehensible 'mercados', para marcar su propio ritmo. Por no saber, no han sabido ni hacer la guerra al régimen injusto de Libia, ni ayudar a las nacientes democracias en el norte de Africa, esa vecina que de pronto se nos ha vuelto islamista, con todo lo que ello va a significar.

 En la 'cumbre' de los conservadores (que gobiernan en casi todo el Viejo Continente) de Marsella, no hemos escuchado más que lamentos, crujir de dientes y admoniciones, destinados más bien a atemorizar a los 'disidentes' que se resisten a admitir los duros términos del 'merkozyrato' que a describir una situación de manera objetiva. No hemos escuchado demasiadas ideas, la verdad. En el campo socialdemócrata, ahora más bien condenado a la oposición, solo silencios. Nadie sabe, parece, diagnosticar certeramente los motivos y progresos de esta crisis, ni cómo salir de ella si no es imponiendo estrictísimas reglas de control presupuestario que van a causar aún más desempleo, y no solamente, por cierto, en España.

Pero, en fin, es Europa, la Europa que tenemos y no la que querían los padres fundadores allá cuando se firmó el Tratado de Roma. Los españoles hemos dejado pasar muchas ocasiones de tener una voz que se escuche en el Viejo Continente, como hemos perdido la oportunidad de jugar con la baza latinoamericana, que ahí estaba y sigue estando. Una política exterior que ha ido degradándose, que no ha sabido irse acomodando a las circunstancias cambiantes de un mundo que entraba en una nueva era, nos ha ido colocando en el rincón: ¿cómo ha ido posible una Trinidad Jiménez en el Ministerio de Exteriores?¿Cómo esta falta de iniciativas, este empequeñecimiento ante sus colegas euopeos de José Luis Rodríguez Zapatero? ¿Cómo esta desidia de la oposición en los temas internacionales?

Tremenda la oportunidad y el reto que ante sí tiene Mariano Rajoy. Hay que reconocer que, al menos ahora, ha sabido coger el toro por los cuernos, se ha plantado, al fin, donde se tenía que plantar -cuántos berrinches se ha llevado el secretario general del PPE, López Istúriz, ante la galvana de Rajoy a la hora de contactar con los líderes europeos de su propia franja ideológica-y se ha puesto, qué remedio, a las órdenes de quien se tenía que poner, mientras Zapatero, qué remedio también, se le cuadraba. Hora era de ese acoplamiento ante los peligros que vienen de fuera...y de dentro.
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