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Del cirio al palo

Del cirio al palo

lunes 06 de febrero de 2012, 08:39h
    El nuevo secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha expuesto en el congreso de Sevilla la conveniencia de revisar los acuerdos Iglesia-Estado, vigentes desde hace 33 años tras haber anulado el viejo Concordato del franquismo, fruto de otra situación y de otros tiempos.

     Que la religión católica está muy arraigada, históricamente arraigada en la sociedad española es un hecho indiscutible. Como lo es la necesidad de que el Estado y la Iglesia se respeten mutuamente, siguiendo la máxima de separación de poderes y de "al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". Los españoles, por lo demás, pueden practicar libremente el credo religioso que deseen, y cualquier confesión tiene sitio y merece todos los respetos en nuestro ordenamiento jurídico.
    Lo que no conviene es desenterrar tiempos pasados en que los españoles siempre andaban detrás de los curas, unas veces con un cirio y otras con un garrote. El alineamiento de la Iglesia católica con el bando vencedor en la guerra civil ha hecho mucho daño a todos, incluida la propia Iglesia que cambió el Evangelio por las soflamas de la dictadura, que paseó a Franco bajo palio por las catedrales y que, en muchos casos, renunció a su misión de promotora del entendimiento y de la fraternidad.

     Pensamos que la Iglesia actual, en España, tiene poco que ver con la de aquellos tiempos de plomo y de incienso, y que la institución  (además de sus valores espirituales para los creyentes), está contribuyendo de manera muy destacada al bien común. No hay más que fijarse en la gran labor de "Cáritas" en el país de casi seis millones de parados, o en la función de tantos albergues y centros de acogida en estos días en que muerden el frío y en hielo, o en la labor humanitaria en hospitales, en centros de desintoxicación de drogadictos, en barrios marginales, en cárceles, en atención a personas mayores, en defensa de los inmigrantes sin techo, en la cooperación con el Tercer Mundo, etcétera, etcétera, etcétera.

    No se trata de ser clericales o anticlericales, sino de ser justos. También de reconocer que el mejor socialismo tiene muchos puntos en común con el cristianismo primigenio. Y que tanto la Iglesia como la sociedad española han dado pasos muy inteligentes hacia adelante. Por todo ello, mucho cuidado, "ojo al Cristo que es de plata", y calcule bien Pérez Rubalcaba sus ideas de revisión: no vaya a ser que, en lugar de entendernos y avanzar, nos liemos de nuevo, como en las peores épocas, a mamporrazos, aunque no sean más que dialécticos.
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