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Francia aún nos puede dar lecciones

Francia aún nos puede dar lecciones

lunes 12 de marzo de 2012, 10:18h
Como periodista 'de a pie' que me sigo sintiendo, me gusta acudir de mirón a las convocatorias informativas más importantes o interesantes (no siempre es lo mismo). Este domingo no acudí a echar un vistazo a la manifestación anti-reforma laboral o a las conmemorativas del terrible atentado del 11-m de 2004 porque me hallaba en París, en una inmersión en la campaña electoral francesa. Que va a ser, para los españoles, la madre de todas las batallas electorales, una vez que nos olvidemos de todo lo que va a ocurrir este fin de mes en nuestro país, desde las elecciones autonómicas asturianas y andaluzas hasta esa convocatoria de huelga general que ya veremos si se concreta o no. Porque de lo que ocurra en Francia se pueden derivar, siempre se han derivado, muchas consecuencias para los españoles.

Desde la primera vez que viajé, iniciando mi carrera de informador, a ese París de libertades mientras en España aún seguíamos sujetos al yugo de la dictadura, no he dejado ni un instante de pensar en que Francia puede darnos muchas lecciones de política. Y de convivencia tolerante: ellos ya hicieron su revolución. Debo decir, sin embargo que esperaba un mayor ambiente preelectoral en el país vecino: cierto es que la primera vuelta de las presidenciales no será hasta dentro de un mes y diez días, y la segunda a comienzos de mayo, pero no he encontrado, tras hablar con bastante gente 'comprometida', ni el apasionamiento que hemos vivido en España ante un posible cambio de signo ni el cúmulo de propuestas reformistas que sería de esperar cuando Europa (y, por ende, también Francia, que es una de las locomotoras de la UE) vive una nueva era. 

Cierto: François Hollande, el candidato socialista a quien los sondeos dan, por poco, vencedor, se ha lanzado a ganar el voto de la izquierda prometiendo cosas como gravar con el  75 por ciento para las verdaderamente grandes fortunas. Y también es verdad que, en un mítin este domingo a las afueras de París ante nada menos que cincuenta mil personas -más de las que la policía dice que salieron a la calle en Madrid este domingo--, Nicolas Sarkozy hizo un guiño a la derecha xenófoba que hoy apoya a Marine Le Pen amenazando con cerrar las fronteras galas a los inmigrantes. Ni el uno ni el otro, eso lo saben bien los franceses, cumplirán esas ofertas.

A Hollande le amenaza la relativa pujanza del candidato de la izquierda (que engloba al Partido Comunista), Jean-Luc Melenchon. A 'Sarko', además de la hija de Le Pen, le puede restar votos el centrista François Bayrou. Y el hartazgo de los franceses de una forma de gobernar a saltos de inspiración y personalismo extremo. La verdad es que Sarkozy no es un buen candidato, como no lo es el poco carismático 'socialista-caviar' Hollande, ex pareja de la que fuera candidata Segolene Royal y miembro destacado del 'clan' que en el PSF se ha constituído en torno a una suerte de 'beautiful people'.  Pero a las dos formaciones, a varias de las restantes y a las instituciones francesas les quedan muchas cosas respetables: recuerde usted aquellas emocionantes primarias que enfrentaron a Aubry -heredera de Delors- con Hollande y compare con lo ocurrido aquí en España entre Rubalcaba y Chacón. O ponga usted el grado de debate político en casa del vecino del norte y mire luego lo de aquí, donde un candidato se niega a debatir con otros en la recta final de las elecciones andaluzas alegando que la televisión autonómica no es imparcial.

Sí, Francia, aunque haya mucha gente harta del bulle-bulle de la casta política, aún nos puede dar lecciones. Y, sobre todo, hay que mirar con lupa el proceso político en un vecino del norte con el que, por fin, habíamos empezado a entendernos. Si gana Sarko, todo quedará igual con un Rajoy con quien dicen que se entiende bien. Si gana, como parece, el socialista Hollande no es, obviamente, que las relaciones hispano-galas se vayan a deteriorar, faltaría más. Pero sí puedo asegurar que en la sede del PP en la calle Génova se mira con cierta aprensión ese hasta ahora tibio proceso preelectoral en Francia. Y es que cuando París estornuda, Madrid agarra una gripe, ya se sabe.
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