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Vandalismo urbano

Vandalismo urbano

martes 03 de abril de 2012, 08:21h
 ¿Qué diferencia existe entre el vandalismo callejero exhibido en algunas ciudades, como Barcelona, en la pasada huelga general, y la "kale borroka" con que el entorno etarra causaba graves daños físicos y materiales en los espacios urbanos de Euzkadi? La verdad es que la diferencia, en cuanto a las consecuencias, es mínima, o ni siquiera existe, pero la ley es mucho más tolerante con el vandalismo de nuevo cuño que con la conocida "kale borroka". Y, por ello, el ministerio del Interior propone una reforma del Código Penal en que sean homologados ambos delitos, de modo que a los radicales anti-sistema no les salgan prácticamente gratis sus actuaciones violentas como auténticas "guerrillas urbanas".

     El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, espera que, elevando las penas para este tipo de delitos a un mínimo de dos años, "los fiscales podrán pedir, en su caso, como medida cautelar la prisión provisional, y los jueces podrán adoptarla". No es una novedad ni una ocurrencia: es endurecer la legislación aplicando los mismos criterios vigentes y de práctica común en Francia o Reino Unido, y es, sobre todo, expresar que hay una diferencia esencial entre lo que podría ser una travesura juvenil y hasta una gamberrada y lo que es verdadero vandalismo callejero o terrorismo urbano.

    Vamos con otro asunto, también relacionado con los cambios que se producen en la sociedad española, y en este caso como consecuencia directa de la crisis. Se calcula que más de 40.000 personas mayores de 40 años, en su mayoría amas de casa que nunca habían trabajado fuera del hogar, buscan su primer empleo, en muchos casos a causa de la falta de ingresos producido en el hogar por el despido o por el final del derecho al paro de sus maridos. Hay en este grupo personas entre los 60 y los 64 años, al borde de la edad de jubilación, que tienen que buscar desesperadamente unos ingresos y, además, hacer ese trabajo compatible con el cuidado de los padres o de los hijos o de los nietos. Es una dura realidad, es una reacción heroica por parte de personas sin experiencia laboral que no tienen más salida que enfrentarse a la vida y ayudar en la economía familiar. Estas son, amigos, duras historias de este viejo país en que nos habían querido convencer de que jugábamos en la "Champion League" de las finanzas mundiales, y resulta que jugamos en la honrosa y dura competición del esfuerzo cotidiano, de la búsqueda casi imposible de un puesto de trabajo entre la multitud de cinco millones y pico de parados.
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