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Carta abierta a su majestad el rey Juan Carlos I

Carta abierta a su majestad el rey Juan Carlos I

domingo 22 de abril de 2012, 09:25h
Distinguido Señor:
Con el debido respeto, debe Ud. retirarse. 

En los años en que me dediqué a la consultoría empresarial aprendí muchas cosas, pero la que mejor asimilé porque fue la que más veces vi, es la de la retirada del gran jefe.Verá, Señor, llegada una cierta edad los seres humanos solo quieren permanecer y no toman decisiones de cambio, ni amparan la evolución, ni entienden los caminos posibles. Llegado un momento, el tedio y el hastío anidan en uno y las decisiones se posponen y hasta se llega al convencimiento de que todo está bien como está. 

Pasa en todos los ámbitos de la vida, pero la empresa es donde mejor se ha resuelto el problema: una compañía que desea avanzar -no existe otra posibilidad en el mundo económico- debe tener al frente a quien es capaz de impulsar el cambio y las decisiones que procuran el ambiente y circunstancias que lo facilitan. Las organizaciones humanas que no renuevan sus cúpulas acaban anquilosadas y alejadas de la realidad y, de nuevo con el mayor de los respetos, es lo que está pasando en la institución que Ud. encarna.

La vida, Señor, es renovación, es evolución, es movimiento. Es sustitución. Si ud. se empeña en mantenerse en el cargo, represa el ascenso, mata la renovación e impide injustamente al país avanzar y evolucionar. Su hijo, Felipe VI, tiene la edad y los conocimientos y está mejor preparado de lo que nunca lo estuvo Ud. ya que él ha sido preparado para este tiempo que ya no es el suyo. Sonará duro, pero es la verdad y Ud. lo sabe.

Felipe VI tiene que subir al trono, Señor, y Ud. debe hacer un sacrificio más por el país y por la historia: déjele reinar, ahora. Es comprensible que Ud. se aferre a la idea del ancient regime de que un rey deja de serlo cuando muere, pero debe Ud. hacer gala, una vez más, de la grandeza que en muchos momentos de su vida le ha caracterizado; no sea cicatero ahora, en las postrimerías de su vida, con su hijo, con su nación y con la historia. Recuerde, Señor, memento mori. 

El país atraviesa por un momento terrible y el análisis de que es "solo" una crisis económica es inaceptable. Tenemos una Constitución que requiere ser remodelada en muchos aspectos, tenemos un sistema administrativo que está al borde del colapso, tenemos un sistema de vida frenado por permanecer anclado en el siglo XX cuando ya corre la segunda decena del XXI. Seamos claros, Señor, las probabilidades de que Froilán sea rey son francamente escasas y, desde luego, si dependen de alguien no es de Ud. sino de su hijo y su familia. Señor, tiene que ser Ud. consciente de que todos estamos haciendo sacrificios porque nuestra sociedad está obsoleta y anquilosada: cambios en la sanidad, en la educación, en el sistema de pensiones, en la reorganización del estado, en la concepción de las infraestructuras... ayúdenos, Señor, con el cambio que el reino necesita haciéndose elegantemente a un lado y dejando el testigo a quien realmente debe pilotar esta situación: su hijo.

Mis fuentes cercanas a Casa Real me dicen que se pone Ud. enfermo solo de pensar en la abdicación, "un rey no abdica" dicen que dice, "se muere o lo echan". Busquemos otra palabra si así lo prefiere, pero no castigue (más) a su pueblo represando los cambios, anclando en un pasado que es humo el futuro de nuestros hijos, de sus nietos, de la nación. Es momento, Señor, de ser generoso, de rematar con un broche de oro un reinado que hasta el momento no ha podido más que brillar pero que ahora, como les pasa a las más rutilantes estrellas, empieza a colapsar y amenaza con generar el caos en su ineluctable apagarse. 

Señor, no nos lo ponga más difícil, no haga que el país se retrase más o que no avance al ritmo veloz que las circunstancias requieren o que la cuerda vuelva a romperse por el lado más débil como siempre sucede. Es el momento, Señor, lo sabe su hijo, lo sabe su pueblo, lo sabe la reina, lo sabe la comunidad internacional. Solo falta que Ud., Señor, se dé por enterado. Abdique, Señor, cuanto antes. No será doloroso, al contrario, será dulce, será emotivo, será responsable y pasará Ud. a la historia como uno de los grandes.
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