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España es algo más que una marca

España es algo más que una marca

domingo 22 de abril de 2012, 11:44h
¿Dónde quedó la iniciativa de sacar pecho y potenciar la 'marca España'? Temo que vivimos días de poco vino y menos rosas, en los que los ministros del Gobierno tienen que acudir a los foros internacionales para explicar que sí, que este país va a acometer las reformas que se le exigen, que no va a cejar en sus políticas de ajuste -en las que, por cierto, casi nadie cree- y, al tiempo, tiene que mantener su credibilidad como nación y su 'temibilitá' como potencia. Y ahí tenemos a Luis de Guindos, explicando este lunes a los inversores en Nueva York que España sigue siendo un buen negocio, y a García Margallo tratando de convencer a sus colegas de exteriores europeos el martes de que no todo marcha tan mal. Mientras, el titular de Industria, José Manuel Soria, tendrá que salir el miércoles a explicar qué sanciones se van a imponer, de verdad, a la Argentina de la desafiante Cristina Kirchner, para que los ciudadanos nos creamos que habitamos un país de primera, y no de segunda.

 Mal momento este de nacional-pesimismo para arrancar con eso de 'marca España'. Máxime si, como siempre, todo va a quedar en una serie de fastos oficiales y de iniciativas grandilocuentes, en las que quienes no cuentan son los españoles de a pie: el Rey, el Gobierno, los políticos, los escritores y artistas más famosos, los restauradores más conocidos forman parte de la marca España, sin duda. Pero también el conjunto de la ciudadanía, y ese conjunto se siente excluído del trompeterío. Ya ha pasado varias veces, y por eso otras iniciativas en principio plausibles fracasaron.

 Y, sin embargo, pocas veces a lo largo de la Historia contemporánea ha sido más necesario recomponer la moral colectiva, tan dañada por la crisis como por algunas declaraciones oficiales excesivamente catastrofistas, tan dolorida por la evidente disminución de peso en el exterior -en la UE y en América Latina-como por la falta de explicaciones suficientes que recibe de sus representantes, estén en el Gobierno o en las oposiciones. Nunca como ahora necesitó España de un Rey que la represente dentro y fuera, como lo ha sido y es Don Juan Carlos, y pocas veces se ha visto más huérfana la nación de su Monarca, aunque solo sea de manera temporal, afortunadamente. Es un momento en el que estamos en un bache colectivo, y bofetadas injustas como la que nos ha propinado Cristina Kirchner en la espinilla de Repsol o como los alfilerazos continuos de portavoces europeos varios no hacen precisamente que nuestros ánimos asciendan a las montañas.

 Siempre se ha afirmado que las crisis económicas son más bien políticas. Algunos grandes pensadores nos han dejado dicho que 'la economía es un estado de espíritu'. Para recomponer la credibilidad y el orgullo patrio hacen falta medidas grandes, inéditas, enfocadas tanto a la clientela interior -al ciudadano-como a la exterior -los mercados, Europa, Estados Unidos, esa América Latina cada día más lejana de las 'cumbres' iberoamericanas--. Pero ya digo que no será con verborrea fácil y patriotera, sino con hechos patrióticos,  con imaginación y con generosidad, de las que nuestros representantes andan tan faltos, como venderemos la marca España. La verdadera España representada por su esforzada clase media, por sus emprendedores, por los trabajadores mileuristas, por las gentes que sufren el paro y aguantan, no obstante, con una dosis de ilusión. Esa, y probablemente no otra, es la verdadera marca España. Por lo demás, que sigan con sus fiestas.
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