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El discurso, presidente

El discurso, presidente

domingo 22 de abril de 2012, 13:36h
La respuesta social a las duras medidas que está tomando el Gobierno de Mariano Rajoy es, de momento, muy leve. La mayor parte de los ciudadanos lsas daba por hechas y es consciente de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades durante demasiado tiempo. El despilfarro en las Administraciones públicas, prácticamente en bancarrota, la carencia de ideas para afrontar la crisis, después de negarla, el desgobierno socialista y la falta de liderazgo inteligente precipitaron la victoria de Rajoy. Se esperaban medidas duras y rápidas, reformas profundas en el modelo financiero, laboral, educativo e industrial. Se confiaba en las promesas del programa electoral del PP: sacrificios para todos, no vamos a tocar la sanidad y la educación, no vamos a subir los impuestos. Pero también se esperaba una convocatoria a un horizonte en el que ver los resultados, un "discurso" en el que sustentar las reformas, una voz clara que dijera cómo estamos y cómo vamos a salir de esto.

La realidad era mucho peor de lo anunciado y Rajoy debía haber esperado a saber qué se iba a encontrar antes de prometer nada. Todo era mucho peor. Pero este Gobierno, especialmente su presidente, carece de discurso, de esa gran idea que lo mueve todo. Y si lo tiene, lo esconde. Actúa, anuncia las medidas de forma improvisada, tal vez al impulso de las presiones, presenta las medidas desordenadamente, hace lo contrario de lo que prometió y comunica mal lo que hace. El Parlamento ha perdido su razón de ser -las propuestas, la negociación, la tribuna de las ideas- especialmente porque el presidente no protagoniza allí el debate constructivo sobre las reformas. Los ciudadanos esperan desde hace meses una comparecencia pública de Mariano Rajoy, pero el presidente está desaparecido. Europa debería ser un objetivo fundamental, pero a Europa viajan los ministros -menos de lo necesario y con voces no siempre uniformes- pero no el presidente. Hemos perdido -desde Zapatero, que eligió mal todos los aliados- nuestro papel en el concierto internacional. Pero Rajoy tampoco lo ha recuperado y el peso de España está bajo mínimos. El imprescindible diálogo con los empresarios está ausente de la agenda del presidente. La reforma financiera no acaba de rematarse y es un cáncer para la economía.

La salida de la crisis es imposible sin reformas a fondo de todo el tejido social, financiero, educativo, empresarial, sin un cambio de modelo. Pero también es imposible desde la desconfianza interior y exterior. Los mercados no parecen convencidos por las reformas españolas. Los ciudadanos agotan su esperanza. O se explica, presidente, o nos dice las razones de fondo de sus cambios, su proyecto para España, el horizonte esperado o se va a quedar solo. Alguien vaticino que Rajoy no iba a durar más de un año. De usted depende, presidente, que no sea así. De usted y de la confianza que suscite en los ciudadanos. No debe permanecer callado ni un día más. El discurso, presidente, el discurso...
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