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Rajoy, contento y silencioso

Rajoy, contento y silencioso

jueves 26 de abril de 2012, 16:35h
Al término del debate sobre las enmiendas a la totalidad al proyecto de ley de Presupuestos, el presidente del Gobierno dijo que estaba muy contento, que el Gobierno tenía la fortaleza suficiente para tomar medidas y ahí quedó todo. Sin queja alguna por el no apoyo de CiU y sin una sola palabra para la intervención del líder de la oposición Alfredo Pérez Rubalcaba. La mayoría absoluta del PP permitió que todas las enmiendas a la totalidad quedaran rechazadas, lo que llevó al PSOE al argumento recurrente de la "soledad", utilizada también en relación al PP cuando este, desde la oposición se oponía a las propuestas del Gobierno.
   
Es seguro que al Gobierno, como a cualquier Ejecutivo, le hubiera gustado, sobre todo, que CiU hubiera retirado su enmienda, pero cuando las autonomías del PP se están apretando el cinturón no parecía el momento más adecuado para dar a Cataluña el dinero que no hay. Es seguro que las demandas de Mas están amparadas por el Estatut y acuerdos posteriores, pero al Gobierno central le ocurre lo que a cualquier ciudadano: hay gastos a los que no puede hacer frente y así, personas que tienen locales o pisos en alquiler tienen que negociar y renegociar el pago que llega tarde o que incluso no llega. El tiempo unirá lo que algo más de 200 millones de euros ha separado.
   
A algunos les ha sorprendido que el presidente estuviera contento pero es que, por un lado, no debe "llorar" y ni va a hacerlo y, por otro Mariano Rajoy _esta es la clave_ es como es. Quien haya seguido su trayectoria antes de llegar al Gobierno solo tienen que recordar cómo gestionó sus difíciles años en el seno de su propio partido.
   
Cuando los cuchillos volaban, a su silla se le aflojaban las patas, el no movía una ceja y si repasan con cuidado esta etapa verán cómo jamás se refirió de manera expresa a aquellos que él bien sabía le estaban haciendo la cama. Hubo momentos en los que ni dentro ni fuera se daba un duro por él y ahí está, en La Moncloa y con el partido sin veleidades internas. El tomaba nota, callaba y como dicen sus próximos "con Mariano todo parece un accidente". Pero no, no es un accidente. Es su carácter a prueba de bomba y su personal estrategia del silencio que si bien puede generar desconcierto cara a los ciudadanos, siempre, en términos de pugna política, le han resultado beneficiosa.
   
La oposición y sobre todo el PSOE no deberían perder de vista esta forma de hacer política del presidente. No tendrá empacho en debatir en el Congreso con Alfredo Pérez Rubalcaba, pero ahí quedará todo, como quedó envuelto en el silencio el paso de María San Gil de abandonar el PP, el de Esperanza Aguirre cuando parecía que quería competir por la presidencia del PP, los desapegos de Mayor Oreja o las críticas de Gabriel Elorriaga. ¿Alguien alguna vez ha escuchado a Rajoy hablar de manera expresa de cualquiera de ellos? Pues este es el futuro que le espera a Alfredo Pérez Rubalcaba. Rajoy quizás hable del PSOE, de la oposición, de "otros", pero no lo hará "ad nominen" en relación al jefe de la oposición y el silencio ajeno puede ser letal. El actual jefe de la oposición _como todos los que lo han sido_ es necesario para España y el acierto en sus pasos y palabras, indispensable para el PSOE. La inteligencia política aconseja saber buscar el punto y el tono al papel que cada cual quiere desempeñar.
   
El del PSOE es un papel de oposición y por tanto de control y crítica al Gobierno, pero Rubalcaba -le sobra inteligencia para ello_ debe encontrar el punto y el tono ante un adversario tan peculiar como Rajoy. Las relaciones entre PP y PSOE, entre Gobierno y oposición no es, ni mucho menos, la deseable, sobre todo cuando España vive momentos de extrema gravedad. No hay que cansarse de pedir esfuerzos para el acuerdo, de llamar a las partes a la generosidad que necesita España pero en medio del desastre, de las enormes dificultades, de las arriesgadísimas apuestas del Gobierno, del enfado que sus medidas provocan, en medio de todo ello Rajoy está contento. Y hay que entenderlo porque si en España no hubiera un Gobierno fuerte, el BCE, el FMI, los mercados, la UE y demás lupas que escrutan día a día a nuestro país, nos comerían. Lo mejor sería un gran acuerdo nacional pero lo bueno es un Gobierno -guste mucho, poco o nada- con su "soledad" de mayoría absoluta. ¿Se imaginan que además de nuestras escalofriantes cifras España ofreciera al mundo un gobierno débil y tambaleante? Lo dicho. Nos comen.
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