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Las Autonomías, un miura para un dontancredo

Las Autonomías, un miura para un dontancredo

domingo 06 de mayo de 2012, 10:16h
Lo he publicado en estas mismas páginas y no es un secreto: allí estaban muchos periodistas tan diversos como John Muller, Manuel Ángel Menéndez, Antonio Sampaio o Miguel Ángel Bastenier por nombrar solo algunos maestros. El ex ministro Jordi Sevilla nos dijo, sin ambages, que cuando se planteó el estado de las autonomías el momento histórico se impuso sobre el sentido común que, rara cosa, fue también el común sentir: café para todos va a ser la caja de Pandora en unos años. Sin embargo la rancidustez de la derecha y sus miras cortas sobre el futuro impusieron el [tremebundo] modelo de 17 autonomías con la esperanza -vana por demás- de cortar las alas independentistas a Catalunya y Euskadi fundamentalmente.

El ministro Sevilla, con seriedad no exenta de sorna nos dijo que lo que debimos hacer fue un estado con cuatro autonomías, las citadas más Galicia y una compuesta por el resto del territorio. Las ventajas de este modelo, en un país canijo en todos los sentidos en aquel entonces, no se nos escapan a casi nadie hoy día. Sin embargo, es muy difícil retrotraer el statu quo: hoy quien más quien menos está imbuido por el mini-patrioterismo de su terruño, un nacionalismo tan dañino como ficticio.

La iniciativa recentralizadora levantada por el PP se va a convertir en la nueva piedra de toque de la oposición. En el parlamento nacional el PSOE hará bandera de un antijacobinismo que, perdóneseme, no le es propio y le apoyarán IU, CiU, PNV, ERC, Amaiur y hasta puede que Coalición Canaria y Foro Asturias si no consigue mantener el apoyo de sus ex conmilitones. En los parlamentos autonómicos ya se oye el rugir de los leones y Artur Mas, Patxi López y Griñán ya se mesan los cabellos que es lo que suele hacerse antes de rasgarse las vestiduras.

Soy jacobino, pero eso no quiere decir que esté contra el Principio de Subsidiariedad que mantiene un planteamiento elemental: cada asunto debe ser resuelto por la autoridad más próxima al objeto del problema. Pero una cosa es una cosa y seis media docena: nada tiene que ver la subsidiariedad con 17 sistemas universitarios, 17 sistemas sanitarios, 17 sistemas judiciales y 17 sistemas educativos.

Ahora la derecha gobernante pretende enmendar el carajal en que nos encerró hace 35 años solo por meterle el dedo en el ojo a Tarradellas y a Garaikoetxea. Ojalá lo consigan, lo digo de verdad porque creo que sería necesario y muy bueno para el país. Lamentablemente, que la razón sea la crisis económica y no un planteamiento racional del estado augura un fracaso en toda regla. Esto y la incapacidad manifiesta del presidente Rajoy para hablar, conversar, intercambiar ideas, acordar y, desde luego, consensuar con nadie.

Lo más seguro es que asistamos a otra de esas ceremonias de la confusión que tanto gustan al hombre que nos gobierna y que solo se solucionan porque se enredan tanto que todos acabamos mirando para otra parte con tal de no seguir padeciendo. ¿Será Rajoy capaz de solucionar el dramón autonómico? Claro que no, pero ojalá.
El título VIII, el que regula autonomías y municipios, es posiblemente el más complejo de la Constitución vigente y difícilmente se va a solucionar por ciencia infusa. Redefinir, repensar como se dice ahora, el estado autonómico requiere tres cosas: paciencia, inteligencia y consenso. El presidente Rajoy tiene que trabajar el consenso, pero lo desprecia porque tiene mayoría absoluta. La paciencia a la que me refiero no es la de hacer el don tancredo sino la del que negocia inasequible al desaliento para llegar a un acuerdo si bien no unánime si cualitativamente mayoritario. En cualquier caso, el presidente Rajoy haría bien en recordar que los tancredos se prohibieron porque el toro acababa por cornearlos a casi todos y el de las autonomías es un miura y, como dice el refranero, cogida de miura, muerte segura.
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