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La educación como laboratorio

La educación como laboratorio

domingo 20 de mayo de 2012, 17:39h
¿Qué tiene que ser la escuela, la educación? La película "Profesor Lazhard", que estuvo cerca del Oscar, abre una reflexión sobre este asunto. ¿La escuela es sólo un lugar donde transmitir conocimientos? ¿Qué es ser profesor, a qué compromete? ¿Cómo dirigir una escuela sin el apoyo de los padres, de la comunidad escolar? ¿Cómo impulsar y medir los conocimientos y la madurez suficiente para hacerlo? ¿Instruir sólo o educar en valores, en qué valores? ¿Es la escuela una institución democrática, debe serlo? ¿Hay que prohibir que los profesores demuestren afecto hacia los escolares? ¿Pueden ser sancionados por ello? Ahora que estamos en una nueva reforma educativa en España sería bueno abrir un debate y una reflexión sobre la educación que queremos, una vez que se ha demostrado que el modelo educativo nacido del socialismo de los años 80 ha demostrado que no sirve, que ha empobrecido el nivel educativo español y que nos ha conducido a unas tasas de fracaso escolar insoportables. Si encima, ahora hay menos recursos, ese debate es imprescindible.

Dicen algunos expertos que cada pocos años, los políticos y expertos en educación se lanzan como posesos a una reforma de la educación que habitualmente barre lo que no funcionaba y también lo que funcionaba e inicia de nuevo todo el proceso. Y cada reforma provoca un aumento de las cifras del fracaso escolar y una reducción de los niveles de conocimiento y de exigencia. El profesor francés Jean Claude Michea se preguntaba hace unos años si ese fracaso de las reformas tal vez podía ser el objeto oculto de todas las reformas, sean del signo que sean. Plegar la vida y la inteligencia de las personas a las prácticas dominantes del consumo y el entretenimiento, impedir que nazcan espíritus críticos, indignados pero comprometidos, gente que piense con autonomía, que tenga criterios propios, que busque el esfuerzo como herramienta de crecimiento, que no se conforme con lo que le dan, que analice la realidad.

Para eso hace falta una escuela de verdad y no lo que tenemos. Dinero, también, pero sin poner el centro del problema en la financiación, porque eso es sólo una coartada y tenemos miles de ejemplos del despilfarro del dinero tirado en la educación, por ejemplo en la Universidad. Para eso hacen falta profesores bien preparados, mejor preparados que nunca, con un reconocimiento de su autoridad moral, bien pagados, con un inexcusable componente vocacional. Y para eso hace falta que sean escuchados todos los responsables de la escuela, los que saben lo que pasa entre sus muros -padres, profesores, alumnos, instituciones educativas- y que su opinión pese en las reformas. Casi todas las reformas se hacen de espaldas a la escuela, guiadas por expertos y políticos que apenas han  pisado las aulas. No necesitamos reformadores de laboratorio. Que no inventen nada, que escuchen a los que saben y que actúen con sentido común. Con eso bastaría para tener una escuela mejor. Y con ella ciudadanos mejores, más preparados y un futuro más abierto.
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