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Algo más que papeles

jueves 18 de octubre de 2007, 10:54h
Actualizado: 29 de octubre de 2007, 11:31h
Tienen entre 18 y 21 años, son casi todos marroquíes y están solos en España. Más de veinte jóvenes extranjeros viven en tres pisos del distrito de Salamanca, donde los Padres Mercedarios, financiados por el Ayuntamiento, les proporcionan una cama, comida, ropa y, sobre todo, formación hasta que puedan llevar una vida independiente.
Tarik llegó a España oculto en un camión. "Cuando vine, no pensaba en el peligro: solo pensaba que llegaría a España, encontraría trabajo y tendría todo lo que quisiera, pero llevo dos años aquí y, de momento, nada", dice con una sonrisa triste. Su compañero Ridouan, también marroquí, pasó por un centro de menores de régimen abierto antes de llegar al piso del barrio de Salamanca. "Allí dormía y asistía a talleres, pero cuando cumplí los 18 años me vi otra vez en la calle", explica.

Un asistente social les consiguió una plaza en uno de los tres pisos que los Padres Mercedarios gestionan en el barrio de Salamanca.

Ahora, a los 18, Ridouan ha terminado los estudios y está a punto de viajar a Marruecos para volver con un contrato de trabajo desde allí. Ya puede trabajar como albañil o camarero y habla un correcto castellano. "Y luego, los papeles", sonríe.

Encontrar un empleo desde su lugar de origen es una de las opciones que les permite el Programa de Prevención de Situaciones de Exclusión Social, en el que Ridouan lleva varios meses. Ahora está trabajando, pero aún no tiene la documentación en regla, y volver es una de las formas de conseguirla, más inmediata y más fácil, incluso, que si se quedan aquí a buscar trabajo por su cuenta, explica el joven.

Pero la labor con los chicos no se limita a ayudarles a conseguir trabajo. Ibrahim, que vivió en uno de estos pisos y ahora es educador del programa, reconoce que "el objetivo de casi todos son los papeles, pero se olvidan de que tienen que aprender el idioma y formarse, y nosotros creemos que la educación es la llave de todo. Tienen que acostumbrarse a la vida española", sostiene.

Ridouan asegura que este piso le ha cambiado la vida. Como sus compañeros, no tiene a nadie en España. "Después de dar tantos tumbos por la vida, de repente se encuentran en un lugar donde se sienten valorados y confían en sus posibilidades", explica Pablo Pérez, coordinador del programa.

El martes pasado, Pérez y los chavales del piso de Francisco Santos recibieron la visita de la concejala de Servicios Sociales, Concepción Dancausa, acompañada del concejal del distrito, Íñigo Henríquez de Luna. Algunas fotografías recortadas de prensa de astros del fútbol —"hay por aquí alguno muy fan del Barça", comenta un educador— y algunas fotografías eran la única decoración de las habitaciones, con un sencillo armario y dos literas cada una.  Desde la cocina llegaba el olor de un guiso especiado. Los chicos, abrumados por la proliferación de periodistas, huían de los equipos de televisión y solo hablaban con aquellos informadores que no esgrimían cámaras de fotos.

Desde la puesta en marcha del proyecto, hace veinte años —aunque el convenio con el Ayuntamiento data de 2003—, más de 300 jóvenes han pasado por estos pisos, donde un equipo de diez profesionales y veinte voluntarios les atiende, les proporciona actividades de ocio y formación y les hace un seguimiento de causas penales, cuando las tienen, y de la regularización de su situación. Los plazos de salida "no tienen que ver con edad y plazos, sino con trabajo y papeles", explica Pérez.

Algunos de los jóvenes, como el propio Ridouan, llegan a los pisos después de cumplir medidas judiciales durante su minoría de edad; otros no tienen causas penales, pero tampoco un lugar adonde ir. "Al contrario de lo que se suele pensar, la relación con el barrio es inmejorable", indica Pérez. "Estos chicos forman ya parte del paisaje de estas calles, uno trabaja en el supermercado, otro en la farmacia, otros hacen deporte en el parque de Eva Perón... Llevamos aquí veinte años y ya nos conocen todos", añade.

Una vez que dejan los pisos, los jóvenes se benefician de un seguimiento especialmente intensivo en el primer año, con la orientación laboral y la renovación de documentos, hasta que pueden tomar las riendas de su propia vida en España. "Pero no sé si me quiero quedar en este país para siempre", apostilla Ridouan, preguntado por sus planes de futuro. "De momento, volveré con un trabajo, y luego ya veremos".
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