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Cálmese, señor Mas

Cálmese, señor Mas

domingo 16 de septiembre de 2012, 09:25h
Cálmese un poquito, señor Mas! Usted no fue a la manifestación y ahora, tras su éxito de participación, quiere capitalizarla. Un contrasentido. El éxito es de los que la organizaron y de los que asistieron.

Usted dijo, muy atinadamente, que no estaría porque, como presidente de todos los catalanes, no le correspondía estar, ya que no todos los ciudadanos  participaban de las motivaciones de aquella convocatoria. Además, estas eran varias y diversas: malestar económico, pacto fiscal, indignación, independencia...Todo legítimo, pero para usted era -repetía- el pacto fiscal.

Y ahora, en nombre de aquella masiva muestra de libertad de expresión popular, usted pretende ponerse delante y lo hace con desafío y alentando la agitación. Y esto no es serio si usted quiere seguir siendo el presidente de todos y no de una parte de los ciudadanos de Catalunya, por muy importante que esta parte sea. Menos aún, si quiere aprovecharla para los intereses de su concepción partidista de Catalunya, o quizás  electoralmente.

Mire usted, con crispación social y desafío al Estado no suele conseguirse nada positivo y duradero. Macià y Companys son ejemplos de ello, por más que ahora los homenajeemos y honremos. Prat de la Riba, encambio,  puso los fundamentos teóricos y prácticos estables de una Catalunya próspera y orgullosa de si misma. 

Usted, con cierta elegancia y habilidad verbal, agita y desafía. Y esto crea inestabilidad económica, social y política. El dinero es miedoso y huye, la  convivencia frágil y la política voluble. ¿Cree que es la mejor forma y el momento más adecuado para solucionar los acuciantes problemas y sacar el  país adelante? Puede ser su legítima percepción, lo que no quiere decir la más acertada. Ni mucho menos la más compartida por todos los catalanes: los que se manifestaron, por distintos motivos, y los que no se manifestaron, que son mayoría, aunque quizás algún día los que la voten puedan serlo; tenga confianza en la gente.

Cuando el ex presidente Jordi Pujol, político discutido pero de talla, iba a Madrid hacía pedagogía a favor de Catalunya, al menos de su concepción de ella. Usted va y desafía las instituciones estatales y crea mal ambiente contra Catalunya. Un grave error, siempre que no se crea en las bondades del Apocalipsis.

Usted, señor President, en mi modesta y discutible  opinión, incurre en varias contradicciones:

- Dijo -repito- que como presidente de todos los ciudadanos,  no iría a la manifestación (que asegura era para reclamar el pacto fiscal) y después de que toma un claro aire y clamor  independentista, la asume plenamente y la pretende liderar, dejando así de ser ya el presidente de "todos".

- Usted va a la capital del Estado a pedir o negociar su "pacto fiscal" después de declarar solemnemente, aquí y allí, que este es un necesario paso decisivo para independizarse  del Estado. ¿Que quiere que le contesten? Como usted no es ingenuo, hay que pensar que va a provocar.

- Usted es legalmente presidente de la Generalitat y representante ordinario del Estado en Catalunya en virtud preciamente de lo establecido por la Constitución, que prometió acatar en su toma de posesión, y ahora pretende desobedecerla  y llama a desacatarla. Está negando los propios fundamentos jurídicos y políticos de su cargo; se queda colgado en el aire. 

- Infringir  y animar a desacatar, de alguna forma, la Constitución en nombre de la democracia (que se concreta en el Estado de derecho, aunque éste  pueda no gustar) y del éxito de una manifestación masiva, es confundir el legítimo y constitucional derecho a la libertad de expresión, con el resultado de unas elecciones libres y con voto secreto. Manifestarse no es lo mismo que votar con todas las garantías.

Si una situación política plasmada en una Constitución, masivamente votada en su día también en Catalunya, no gusta o se considera lesiva para unos derechos individuales o colectivos, lo que procede, en lógica, es intentar modificarla. No pretender reventarla.

Cuando el presidente Pasqual Maragall se dio cuenta del error cometido con el empeño de aprobar un nuevo Estatut (con la opinión contraria de Jordi Pujol) y luego amputado por el Constitucional, con el gran desgaste político y social que supuso, dijo que no había valido la pena. Y que en lugar de pretender reventar la Constitución por dentro con el proyecto de Estatut, habría sido mejor empezar por modificar aquella, ya que se daban ciertas circunstancias favorables. 

Tome nota, señor Mas. Y frene sus impaciencias -por legítimas que sean y pese a tener estas un importante soporte ciudadano, pero no el claramente mayoritario- , y cálmese un poco, en bien de un proyecto a más largo plazo y con un apoyo más indiscutible de la ciudadanía. Y en bien, sobretodo, de la necesaria estabilidad que requiere  ahora el país. Que el éxito de la manifestación -a la que no acudió- no le suba a la cabeza.
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