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La alegría de los pesimistas

La alegría de los pesimistas

miércoles 19 de septiembre de 2012, 09:59h
Me preguntaba hace unos días si atendiendo al positivismo que parecía encontrar acomodo en los mercados si estarían cambiando las cosas para acabar concluyendo que al menos aún no. Aunque ahora quisiese defender lo mismo, la tarea no es tan fácil.  Y como siempre ha de haber alguien al que hacer responsable,  corresponde en este caso a la Reserva Federal y su decisión de la semana pasada de poner en circulación hasta 40.000 millones por mes de más billetes de dólar. No tardó mucho en anunciar algo semejante el Banco de Japón, que se sumaba ayer a la fiesta: Billetes que no falten. 

Esta decisión suprime cualquier esperanza de que los bancos centrales confíen en que los gobiernos, incluido el norteamericano, vayan a ocuparse pronto de hacer lo que de ellos esperan. Es paradójico, pero aunque no lo parezca, cuando más optimista uno sea, menos intervención de los bancos centrales espera. Sin embargo, asistimos a lo contrario. Los bancos centrales del mundo siguen ocupándose de comprar tiempo y los mercados lo festejan.  Una, dos y ahora hasta tres veces en el caso de los norteamericanos. Ocurre algo semejante en Europa, que va detrás solo por las limitaciones que al BCE impone ser el banco de 17 sistemas fiscales diferentes,  o cuando menos de dos áreas, la que dispone de confianza, la del norte, y la que carece de ella, la del sur. Una brecha de la que el Gobierno español no se siente responsable, y por eso pierde el tiempo que los bancos centrales compran, a base de consumir credibilidad, sin reaccionar, quizá creyendo que la medicina monetaria resolverá el problema,  y no lo hará.

De que esto ocurra en Europa cabe acusar a la impericia política por lo peculiar del experimento europeo, pero que ocurra en EE.UU. no es lo mismo. Allí resulta demasiado evidente que responde a que su banco central, o bien está siendo utilizado por el Gobierno y responde a su presión, o no ve a este en disposición o con capacidad de aprovechar el espacio que compran las llamadas medidas no convencionales. Aunque este tipo de medidas no pueden ser permanentes por definición, tienen consecuencias. En mi esquema previo al pasado jueves, la FED iba a esperar. Pero no. Ha decidido inyectar más dólares, y por tiempo indefinido. Una previsión sobre la evolución de los mercados financieros y de uno de sus más sensibles termómetros que es el tipo de cambio tiene que ajustarse a una decisión así. Los pesimistas que la esperasen gozarán del éxito y serán recompensados en su pronóstico. Los no tan pesimistas habremos de reconocer que el camino es más largo, y que los norteamericanos no van a esperar a que Europa resuelva. Ellos van a atender a lo suyo, intentando que Europa no les complique más las cosas. Si como consecuencia el dólar se deprecia, bienvenido sea mientras no les cree problemas, y no lo hará mientras eso no afecte a la compra de deuda pública norteamericana. Tendremos que considerar la posibilidad durante un tiempo de un dólar más débil, incluso aunque creamos que este tiempo es posible que sea corto, pues del mal que la FED ve en el Gobierno norteamericano tenemos en Europa para dar y tomar, y no hace falta ir más lejos de La Moncloa.

Dice el Ministro de Economía echando pelotas fuera, que la UE ha de ser ambiciosa cuando se refiere a la unión bancaria. Que se centre el Ministro y el Gobierno al que pertenece en tratar de aprovechar el tiempo que el BCE ha comprado y que los mercados le dan, porque en otro caso, pronto volveremos a tener que reconocer un error de confianza y cambiar de pronóstico.

José Manuel Pazos

Consejero Delegado del Grupo Omega Financial Partners
www.omegafinancialpartners.com

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