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Mitos sobre la corrupción política

Mitos sobre la corrupción política

lunes 21 de enero de 2013, 18:05h
Y sigue la trama. Parece que estamos rodeados, asfixiados, devorados por la hidra infinita de la corrupción política. Para colmo, el último escándalo (Bárcenas) afecta de manera directa la credibilidad de Rajoy y su Gobierno, con lo que sufrirá otro poco más la gobernabilidad del país. La cosa no es de tono menor, por lo que hay que echar luz sobre este desgraciado asunto. Pero en vez de rasgarse las vestiduras o ponerse a realizar una histérica caza de brujas, o deprimirse sin remedio (en serio o en broma, como hace un estimado colega en estas mismas páginas), lo que corresponde es encarar serenamente el problema y ver como se resuelve sensatamente con la mayor eficacia. 

El primer paso en esta dirección consiste en hacer un diagnóstico correcto, porque de lo contrario podemos empezar a perseguir fantasmas. Por ello, creo que una forma de identificar la verdadera dimensión de la corrupción política es tratar de desmitificarla. En tal sentido, se me ocurre la siguiente lista de mitos existentes sobre la corrupción política.

La política es más corrupta que otras actividades.- Después de las confesiones de Armstrong no creo que haya que esforzarse mucho en develar este mito. Pero es conveniente recordar que, como han demostrado varios estudios, la práctica de actuaciones irregulares, que en política calificarían como corrupción,  son el pan nuestro de cada día en la actividad económica privada. Desde luego que en los últimos años hemos conocido hechos de corrupción de alto nivel en el arte, el deporte, la religión, etc. Como digo, no es necesario detenerse mucho en demostrar este punto.

La corrupción política es mayor ahora que antes.- A este respecto es necesario distinguir el ciclo corto del largo. Creo incontestable que ahora hay más corrupción que durante la transición a la democracia (1975-1985), pero también es cierto que la corrupción era un fenómeno más extendido en la propia Europa desde el fin de la guerra hasta los años noventa, que lo es ahora. No hay más que pensar en la Italia de los sesenta y setenta o en la Inglaterra de los cincuenta y sesenta. Y qué decir del resto del mundo: desde Estados Unidos al cono sur de América, simplemente el trapicheo económico en la política ni siquiera era entendido como corrupción. Hasta hace muy poco el nepotismo era un derecho adquirido de los presidentes de todo el continente americano.

La corrupción política está ahora menos controlada.- Este me parece un asunto clave, porque la cascada de casos que sufrimos puede dar la imagen de que ahora la corrupción campa por sus respetos. Nada menos cierto. La corrupción, pero sobre todo la corrupción política y de gobierno, sufre ahora mucho más la presión del rechazo público y de la persecución judicial que antes. De hecho, la mayoría de los casos actuales son conocidos por actuaciones de los medios de comunicación y de policías, fiscales y juzgados especializados en perseguir la corrupción pública, cosa que hace sólo treinta años no existía. Es decir, cabe la pregunta de si lo que está sucediendo, lejos de suponer un aumento de la corrupción, es más bien un incremento espectacular del descubrimiento de casos de corrupción.

La corrupción política es indiferente respecto de la tensión valórica.- Este mito es una derivación de la vana idea de que todos los políticos son iguales. Es fácilmente demostrable que en espacios de valores muy interiorizados la corrupción avanza con mucha dificultad. Ello también refiere a la evolución en el tiempo. Durante la transición democrática los valores políticos estaban tan a flor de piel que la política no era un espacio muy atractivo para los interesados en medrar. Es a partir de los años noventa, cuando la sociedad y la política españolas se relajan, que comienza a desarrollarse la política como espacio de movilidad social. Recuerdo a un amigo que me dijo a mediados de los noventa: "ahora no se avanza ni se retrocede, sólo se sube o se baja".

La ciudadanía no tiene responsabilidad en la corrupción política, solo la sufre.- Tampoco creo que hay que hacer mucho esfuerzo para develar este mito. Me parece que el caso de la comunidad valenciana hace sólo unos años, lo demuestra palmariamente. La gente usó su voto sopesando el tema de la corrupción junto a otros beneficios posibles. Y si los otros beneficios parecían mayores, acabó reduciendo la importancia del tema de la corrupción. No voy a hacer aquí la larga lista de casos en los que se demuestra que la ciudadanía se muestra permisiva con la corrupción y luego se rasga las vestiduras cuando los casos se descubren. 

La corrupción política puede eliminarse por completo.- Este es quizás el mito más peligroso cuando se trata de poner coto a la corrupción. Como la delincuencia en general, la corrupción no es eliminable por completo: la cuestión es que puede combatirse y reducirse todo lo posible. Pero hay pocas cosas peores para la política y la administración pública que el lanzarse a una persecución desenfrenada de la corrupción por todos los rincones, porque eso entorpece el funcionamiento de los servicios públicos necesarios. Así como hay pocas cosas más demagógicas que buscar reconocimiento público convirtiéndose en el paladín de la persecución de la corrupción. En realidad, la verdadera cuestión consiste en saber si la política está haciendo todo lo posible por combatir la corrupción pública, aquí y ahora. Mi conclusión es que está haciendo hoy mucho más que ayer, pero que todavía no hace lo suficiente.
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