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La Universidad en el país de las maravillas

La Universidad en el país de las maravillas

martes 05 de febrero de 2013, 15:45h
Cuando uno mira a la Universidad tiene el peligro de elegir entre dos visiones, la absolutamente negativa y la de autocomplacencia. Ningún extremo es bueno, pero no siempre la virtud está el término medio. La presidenta de la Conferencia de Rectores, Adelaida de la Calle, que está tomando un papel muy activo en la exposición de los problemas de la Universidad y que quiere acercar la Universidad a los ciudadanos, cree que la culpa del descrédito de la Universidad "es de los ataques feroces de los medios de comunicación". Mal empezamos. Lo dijo en un interesantísimo Desayuno de Europa Press, al que asistió acompañada de Federico Mayor Zaragoza, Matías Rodríguez Inciarte y Joaquín Leguina

En un bando se alinearon -es una manera de simplificar- Rodríguez Inciarte y Leguina que pusieron sobre la mesa los datos de la realidad: 79 Universidades en España (29 privadas), 236 campus, 2.500 grados y cerca de 3.000 másteres y una inversión -ojo, no un gasto- del 1,1% del PIB cuando lo ideal rondaría el 3%. Y un diagnóstico: un desarrollo desordenado; una oferta descompensada con la demanda; un coste medio de 10.000 euros por alumno; una financiación pública del 80 por ciento cuando en Reino Unido, por ejemplo, es del 35 por ciento; un gobierno corporativo de la Universidad que no funciona; falta de autonomía; recursos mal utilizados; una insuficiente política de becas; y un profesorado mal remunerado, peor seleccionado, endogámico, sin una carrera profesional digna y con carencias en el aspecto investigador. 

Mayor Zaragoza, y sobre todo Adelaida de la Calle, hicieron una encendida defensa de la Universidad actual, con escasa autocrítica. Tenemos una buena Universidad que está desaprovechada, dijo Mayor. No hay apenas abandonos, sólo cambios de carrera y casi todos los estudiantes terminan sus estudios en tiempo y forma, dijo De la Calle. Hacemos investigación, generamos patentes, somos el Departamento de I+D de muchas empresas, hacemos mucho con poco recursos, rendimos cuentas, somos trasparentes, nos estigmatizan porque somos independientes frente al poder político, insistió De la Calle. Entonces, ¿por qué ha perdido todo su prestigio?

El diagnóstico es fácil. Lo complicado es la terapia y aquí que coincidieron todos: consenso para una reforma que dure muchos años, sacar la educación de la lucha política. No será fácil. Ningún partido quiere ese acuerdo. Históricamente nunca lo han querido. El ministro Wert ha creado un grupo de expertos que marque el rumbo. Me da la sensación de que no han hablado en serio ni con los Rectores ni con los que van a tener que aplicar la futura reforma, los docentes. Ni con los alumnos ni con los licenciados que han sufrido las carencias de una buena Universidad. Ni con los colegios profesionales. Leguina citó a Lewis Carroll en "Alicia en el país de las maravillas" cuando dice que "si quieres llegar a otra parte, hay que correr por lo menos dos veces más rápido". Necesitamos una Universidad que salga de ese país del cuento. Sin una Universidad pegada a la sociedad no hay futuro.

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