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Desmadre antes del debate

Desmadre antes del debate

viernes 08 de febrero de 2013, 13:02h
La impresión, para quien aterrice de nuevas por estos pagos, no puede ser más desalentadora: miembros de un Gobierno que no se atreven ni a salir a la calle (¿para cuándo una remodelación? La tardanza en hacer una crisis está dañando seriamente a Rajoy); unos sindicatos anclados en fórmulas imposibles de contratación frente a una patronal cuyo máximo representante dice, reconozcámoslo, cosas bastante raras; unos jueces en pie de guerra frente a un ministro de Justicia a quien no reconocen como interlocutor; más de lo mismo en Educación y en Sanidad, que esa es otra; una clase política desprestigiada a base de corruptelas y sin alternativas, mientras en el partido gobernante, a falta de oposición externa, florecen las oposiciones internas. ..Y, claro, unas instituciones en claro desprestigio inmersas en un país en el que la sociedad civil no acaba de hacerse con las riendas.
 
El hombre a quien le toca lidiar en último extremo con todo esto, además de con los casos de corrupción que aparecen en cada esquina, se llama Mariano Rajoy, acaba de volver de una agotadora negociación ante las instancias europeas (que parece que no le ha salido tan mal), pero sigue encerrado en una incomunicación que lo peor es que él no cree que sea tal; como si admitiendo un par de preguntas tras un Consejo Europeo y no contestando nada de sustancia ya hubiese hecho sus deberes en este campo, absolutamente fundamental en política. Ahora, Rajoy, con todo el desmadre, desbarajuste, desatino, que puebla el patio monipodiano nacional, se enfrenta precisamente a la mayor prueba para la comunicación que un jefe de Gobierno pueda arrostrar: el debate sobre el estado de la nación. El creyó que la fecha era buena porque el horóscopo europeo le auguraba buenas bazas -y la verdad es que las tiene--; pero entre las torpezas de algunos en su entorno, el rebrote del 'caso Bárcenas', que afecta de hecho al 'núcleo duro' del PP y la inoperatividad que parece paralizar al presidente en los momentos clave, la verdad es que el debate se muestra, a priori, como un paseo militar para algunos en la oposición, comenzando por Alfredo Pérez Rubalcaba, que, desprestigiado ante las encuestas, parece resurgir de sus cenizas a base de proponer cosas nuevas, aunque no muy articuladas hasta el momento.
 
Dicen que los dioses, cuando quieren perder a los hombres, primero los ciegan. No sé qué diablos hace pensar a Rajoy que puede salir indemne de un debate parlamentario que es la estrella de los debates parlamentarios,  y que va a ser seguido con afán por millones de españoles y por todos los medios de comunicación del mundo, si no saca presto algún conejo de la chistera. Me dicen que no falta quien le aconseje dar pasos importantes en lo tocante a   imaginar algo más que remiendos políticos: una crisis en su Gobierno, aportando caras nuevas y de prestigio (no es fácil, no, encontrarlas); buscar pactos donde se pueda, incluyendo entre unas fuerzas sociales que no pueden estar, ahora, más alejadas; acelerar reformas laborales que van demasiado lentas; introducir medidas de verdadera transparencia y un largo etcétera. A veces pienso que Rajoy, cuyos tiempos son desesperantes, está maniatado, o cree estarlo, o incluso quiere estarlo. Pero el debate viene, y, simplemente, no puede darse el lujo de perderlo: el desmadre le perjudica, así que, pensando con lógica, tiendo a creer que algo tiene que suceder en los próximos diez días. Claro que tantas veces lo lógico es lo más ilógico que ocurra...


>> El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'>>
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