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Rajoy renuncia a liderar el proceso

Rajoy renuncia a liderar el proceso

martes 12 de febrero de 2013, 11:33h
Debo confesar que me gustan algunos aspectos del carácter político de Rajoy, mientras que otros, simplemente, a veces me desesperan. Estuve en su a mi entender correcta conferencia organizada en Madrid por 'The Economist', donde repitió, con obvia ausencia de la menor autocrítica -esto es consustancial a nuestra clase política--, lo que ya sabíamos los españoles, y quizá también los del 'Economist': se ha hecho lo correcto, se va a proseguir el ritmo de ajustes, se camina en busca de la competitividad y de una ofensiva en el sector exterior... y ya a finales de este año empezaremos a ver los buenos resultados. Había, lo entiendo, que repetirlo ante los afinados oídos que estaban presentes en el acto; faltaría más que el presidente del Gobierno de España cargase las tintas en los aspectos negativos ante unas gentes deseosas de azotar a alguien con el látigo de la crítica color salmón.
 
 Sin embargo, como sugirió luego el moderador, Michael Reid, uno de los editores de la revista británica que tanto influye en los ánimos de La Moncloa, la crisis tiene unos innegables aspectos políticos. Y aquí es donde las respuestas que dio Rajoy a las preguntas del moderador -no se permitió que el público interrogase del presidente-me decepcionaron algo. Porque Mariano Rajoy Brey, que es, a mi entender, el único que ahora puede liderar un verdadero proceso de reformas a fondo, parece haber renunciado a hacerlo.
 
Digo, sí, que Rajoy es el único sobre el terreno que puede encabezar la galopada de cambios que, según el criterio de muchos, necesita urgentemente nuestro país. Y lo digo porque precisamente ahora se detectan demasiadas operaciones, externas y también internas, de acoso y derribo contra el presidente del Gobierno; menudo vacío se generaría si él ahora desapareciese, dando lugar a un imposible proceso sucesorio. Puede, por supuesto, que Rajoy tenga connotaciones negativas, además de las obvias positivas, pero ahora no aparece ningún delfín posible, ni siquiera en la oposición, que nos haga suscitar demasiadas esperanzas de una brusca regeneración de nuestra clase política.
 
Pero también afirmo, y tras su comparecencia ente el 'Economist' me convenzo más de ello, que los tiempos y modos, en ocasiones tan inmovilistas, de Rajoy ofrecen la impresión de que ha renunciado de antemano a encabezar una era de verdaderas reformas, desde la constitucional (territorial) hasta la electoral, que verdaderamente modernicen de golpe nuestro país y frenen excesos secesionistas, injusticias históricas y el mantenimiento de algunas antiguallas legales y de hecho. Rajoy parece apostar por el mantenimiento de un bipartidismo que cada día se debilita más en las encuestas; parece no tener críticas hacia el funcionamiento del sistema de partidos, de los medios de comunicación, del Parlamento... Está convencido de que España vive su mejor momento histórico ("hace treinta años vivíamos en dictadura", dijo, equivocando la fecha en diez años). Y todas las reformas que propone parecen limitarse a la de la Administración -con sordina-y la unidad de mercado interior.
 
"Siempre conviene, cuando se habla de estas cosas,hacerlo con una alegría moderada". Se refería el presidente, con estas palabras cáusticas, a las reformas de calado por las que Reid le preguntaba. Este es, me da la impresión, el pensamiento típico de Mariano Rajoy, para quien incluso parece que aquella frase, atribuida sin razón a Lampedusa, según la cual 'es preciso que algo cambie para que todo siga igual', resulta excesivamente arriesgada. Rajoy se declara abierto al diálogo (citó especialmente a Artur Mas en este capítulo), a los cambios por consenso, a propiciar reformas de fondo en Europa. Pero ni propone las medidas drásticas que a mi juicio serían adecuadas para llegar hasta el final de estos propósitos ni, más allá del sentido común y la calma que muestra por toneladas, exhibe el dinamismo suficiente como para convencernos de que se está adecuando bien a esta nueva era, a esta segunda transición, que es como un vendaval de hecho que sacude los usos y costumbres sobre los que estamos, y Rajoy el primero, tan asentados.


>> El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'>>
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