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La España abandonada

La España abandonada

miércoles 20 de febrero de 2013, 15:41h
Hay una España que se levanta en silencio, pone la radio, mira el televisor o indaga la actualidad en los medios informáticos mientras desayuna, y cuando el sol se aleja por el horizonte,comienza su jornada de trabajo. Mientras viaja a los primeros e incipientes presagios del día, con las oscuras almohadas de la noche en su mente, esta España suele seguir escuchando o viendo o leyendo las informaciones que el mundo mediático pone en sus ojos, al cabo todo lo que en estos últimos meses está predominando en el aire preso y hediondo de las noticias. 

Y al llegar al trabajo, con la cabeza llena sucesos amargos,que no cesan de manar como una fuente de miserias,  esta España se sienta a la mesa o se pone detrás del mostrador, o agarra el volante del taxi o se deja las huellas en la azada o los rastrojos y comienza su día cualquiera. A su alrededor grandes extensiones del mundo institucional, político y empresarial,se sueltan la túnica asquerosa de la corrupción que casi todo lo envuelve, que sucede fugaz o persistente dictando el orden del tiempo, las agendas que organizan la vida. 

Y esta España observa y calla, se duele o protesta en su pequeño hueco de vida, incluso se enrabieta percibiendo que para nada servirá su ira, porque el río que transporta la suciedad de los bajos fondos del poder sigue su curso sin mirar a nadie, sin apercibirse de los montones de rostros cabreados que hay en la ribera contemplando los cadáveres, la mugre que avanza por sus aguas espesas.

Y hay una España silenciosa que solo se habla a sí misma,que siente que casi nadie la escucha. Tiene miedo de que todas estas tormentas dejen un paisaje desolado, y después, con el cielo despejado, ella sea la que haya de transitar por el barro y los árboles caídos. 

Hay una España que se levanta y le gustaría mirar para otro lado, aburrida ya de tantas idénticas noticias, pero no puede. En lo que pasa le va la vida de su gente, el amargor o la felicidad de su trabajo, un sueño cumplido, una alegría buscada con esfuerzo, y no puede olvidar y apenas puede hacer nada, salvo seguir trabajando y llenarse  de angustia y tristeza y miedo en las conversaciones cotidianas.

Hay una España silenciosa, honrada, trabajadora, que se siente abandonada, y querría escuchar un gesto de generosidad de los que conducen los transatlánticos sucios del estado, un gesto de luz en toda esta oscuridad, quizá que los políticos se echasen a un lado un tiempo y dejasen que lo que queda en pie de la sociedad civil (jueces, policías, funcionarios...) pudiera cumplir su papel en paz, en silencio, pudiera realizar un ejercicio de confianza en un momento en que la confianza se muere como un enfermo abandonado en la calle.

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