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La túnica del pastor

La túnica del pastor

domingo 17 de marzo de 2013, 09:18h
Algunos de los primeros gestos del Papa, el desinterés por el brillo refulgente del oro, al renunciar a llevar una cruz del vil metal en el pecho, o también del boato mundano dejando la limusina en expectativa de desuso, o el de ir a pagar por sí mismo la deuda de la pensión, lo que indica deseo de alejamiento del servilismo que rodea a los cargos públicos, nos reconcilia con la verdad del mensaje del Cristo. Creo que estos primeros gestos van en la dirección precisa para deshacerse de una imagen llena de pompa y circunstancia. Y por supuesto acercarse al duro camino del nazareno, lleno de renuncias, humanitarismo, sencillez, comprensión, y pobreza.

Al final de la película Roma, de Fellini, hay un barroco y luminoso desfile de túnicas litúrgicas, un muestrario del pérfido y desesperanzador mensaje que emana del matrimonio entre la religión y la riqueza. Porque la única riqueza que ha de tener la religión es espiritual, ya que, en sí, es eso, la esperanza de la existencia del alma, de la que el divino Anaxágoras afirma que es un espíritu inmortal, o Diógenes que es una porción de la sustancia misma de Dios, o Epicuro que la supone compuesta de partes como el cuerpo, o como el divino Platón y el divino Sócrates, maestro del divino Platón, quienes afirman que el alma es eterna.

En este sentido, cada vez que la religión cae en brazos del mundo, y se deslumbra con él, se pervierte su esencia. Sus fines más nobles se diluyen hasta convertirse en egoísmos innobles. Y por supuesto que corre peligro de huida de fieles, o de volverse clasista, instalándose en la comodidad del día a día, y no en el cambio revolucionario de la conciencia que significa la voz de Cristo.

El exceso de liturgias, sotanas, cíngulos, casullas, estolas, estolones, capas pluviales, paños humerales, dalmáticas, roquetes, mitras, báculos, anillos, esclavinas, palios y demás recargos del oropel, sobre todo esa tiara o corona de oro llena de piedras preciosas, máxima expresión del boato persa, que llevaban no hace tanto los papas, hizo y hace mucho daño a la credibilidad de la iglesia. No hay que olvidar que la forma forma parte del fondo, y que el uniforme representa la naturaleza del que lo viste. Pues el uniforme del Cristo fue una túnica polvorienta que representa el alma digna de la pobreza y la falta de vanidad.

Ese es el camino de regreso al fundador. Los otros de alejamiento de su palabra. El papa Benedicto XVI dice en su libro "Dios y el mundo" que San Francisco de Asís salvó a una iglesia perdida en la maldad, la riqueza, el poder y la ambición. Ahora este nuevo Papa escoge ese nombre, el de un pobre fraile que amó y sirvió sin fastuosidades el mensaje siempre vivo de Cristo. Esperemos que sea lo que parece.
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