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Boadella o la honestidad y la coherencia

Boadella o la honestidad y la coherencia

lunes 25 de marzo de 2013, 09:26h
El 11-S de 2012, no podía ser de otro modo (al tiempo que se celebraba la Diada de Cataluña, la tierra que le vio nacer), Albert Boadella el histórico fundador y director de la compañía teatral Els Joglars anunció su despedida de la criatura a quien él mismo dio vida, después de dirigirla durante más de 50 años. No iba a defraudar, ni a sus detractores ni a sus seguidores a ultranza alguien que durante más de cinco décadas ha sabido lidiar con elegancia y naturalidad su probablemente no buscada fama de provocador y polemista.

Es cierto que, año tras año, Boadella ha sabido superarse a sí mismo y eso solo está al alcance de los genios. Hacer un programa de radio, o un artículo, un libro, dirigir una obra de teatro o un film, es relativamente fácil. Lo verdaderamente difícil es hacer programas de radio, libros, obras de teatro, películas o cualquier otra actividad bien, y de forma sostenida en el tiempo, como ha venido haciendo el director, actor, dramaturgo e intelectual catalán.


Más difícil

Como en el circo, más difícil todavía: Boadella ha sabido materializar lo que posiblemente peor hacemos los españoles: marcharse a tiempo y, además, hasta dejar su grupo teatral en las mejores manos posibles, las de Ramón Fontserè, otro grande del teatro, que llevaba ya varios lustros compartiendo escena con Boadella.

Memorables son sus montajes al frente de Els Joglars durante este medio siglo. Por citar algunos, subrayo aquellos primeros Mimodrames (1962),Deixebles del silenci (1965), Calidoscopi (1967). Luego pasó a sus ácidas críticas a los estamentos políticos, religiosos o militares que encarnaron La torna (1977), Catalònia M-7 (1978), Laetius (1980), Teledeum (1983), Bye, Beethoven (1987), El Nacional (1993), Ubú, president (1995), La increíble historia del Dr. Floit & Mr. Pla (1997) o Daaalí (1999), El retablo de las maravillas (2004) y Controversia del toro y el torero (2006),..., sin contar sus incursiones en varias series de televisión y su film "Buen viaje, excelencia" (Lola Films, 2003).

Ha estado contra Franco, perseguido por la Iglesia, los militares, Pujol, y ahora por todo el nacionalismo de Convergencia i Unió, hasta el punto de tener que soportar improperios de alguno de sus paisanos catalanes cuando se acerca por su propia tierra y a su propia casa. Y, aún así, o precisamente por ello, Albert -erre que erre- no renuncia a su condición de catalán y español, a la vez. Es, posiblemente, el ejemplo más patente e imitable para las jóvenes generaciones de lo que supone ser un intelectual, con todas las letras y con todas las consecuencias.

Según confesión propia, su otrora larga lista de amigos se ha visto reducida a no más de media página como consecuencia de sus posturas razonadas y razonables por la crítica de la deriva nacionalista catalana del gobierno del convergente Mas. Aún así, Boadella se mantiene tan firme como irónico y no abandona esa sonrisa entre cínica y triste frente a sus paisanos, desde la atalaya de Madrid, al frente de los Teatros del Canal. Larga vida al director, al escritor, al hombre que, posiblemente, encarna hoy como nadie la carga de lo que significa ser un intelectual honesto y consecuente hasta el final en esta España de nuestras entretelas.
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