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Perdón, Señor, perdón

Perdón, Señor, perdón

martes 26 de marzo de 2013, 16:37h
Dice Alberto Núñez Feijoo, el presidente de la Xunta de Galicia y la esperanza no tan futura del PP, que "en el Partido Popular tenemos que pedir perdón por el caso Bárcenas". Claro que si el perdón no lleva implícitas la reparación y el propósito de la enmienda se queda en nada. Y visto lo que está pasando en la política española y europea, no hay que hacerse muchas esperanzas. Pero, en estos días en los que la mirada está fija en la Cruz y en lo que representa -amor, perdón, humillación, entrega, misericordia, esperanza-, mucha más gente debería pedir perdón, reparar las injusticias cometidas y hacer una política diferente. 

Muchos deberían pedir perdón porque el paro que no cesa pueda subir en breve por encima del 27,1 por ciento y convertirse en un serio factor de desestabilización social. No es la cifra lo que importa sino todas las personas que están en el límite de la supervivencia y no saben si aguantarán mañana.

Perdón por la corrupción desbocada que afecta a partidos, sindicatos, organizaciones e instituciones que deberían ser ejemplares y que han dañado tal vez irreversiblemente, el sistema de convivencia.

Por la incapacidad  para solucionar el problema de las personas desahuciadas, dándoles una salida digna.

Por las políticas insolidarias, como las del Reino Unido, que restringirán el paro, el acceso a la sanidad y a la vivienda a los inmigrantes de los que antes se aprovecharon, parecidas a las que hace meses implantó este Gobierno restringiendo el derecho a la sanidad a los inmigrantes.

Por no haber visto como un país como Chipre ahora, o como antes Grecia, dilapidaba sus recursos, ofrecía garantías imposibles de cumplir y ahora, cuando la quiebra es inevitable, hacer que lo paguen los que menos culpa tienen, condenar a todo un país a la pobreza durante décadas y convertir una presunta solución en unas amenaza general.

Por no acabar con la tragedia de la guerra de Siria, por ver impasibles como el hambre se extiende en muchas zonas de África o como el caos y los saqueos se adueñan de la República Centroafricana mientras Europa mira descaradamente hacia otro lado sin querer saber nada de tantas tragedias inhumanas.

Todos deberíamos pedir perdón por tanta insolidaridad, tanto olvido, tanto silencio, tanta desatención a los más vulnerables, a los más desfavorecidos, a los más pobres. El Cristo del Papa Francisco y de tantos millones de ciudadanos debería estar mucho más presente no sólo esta Semana Santa, sino todas las semanas de todo el año, para que nos acordáramos de que la política sólo merecerá ese nombre si tiene a los hombres y mujeres como su objetivo prioritario y preferente.  

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