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Príncipes y cuentos

Príncipes y cuentos

viernes 05 de abril de 2013, 15:52h
Yo fui una niña muy lectora. Aunque ya he pasado los 50, recuerdo como si fuera ayer que de  todos los cuentos infantiles los que más me gustaban eran los una colección que se llamaba "mis cuentos de Hadas famosos "  que todavía sigue guardada en casa de mis padres. Recuerdo que la componían un montón de tomos -30 o 40- en los que se recopilaban  todos los cuentos clásicos y los más novedosos  del momento. A mi me gustaban cuanto más fantásticos mejor, y aunque los libros no contenían dibujos, eran sólo texto,  yo me imaginaba, perfectamente, como eran  las princesas protagonistas en muchos de ellos: rubias, de ojos azules, altas, muy guapas, enormemente bondadosas y queridas por su pueblo. Se casaban con príncipes o con campesinos que luego resultaba que eran también príncipes que habían sido hechizados  por una bruja mala. El final,  aunque la historia de desarrollara en los países mas diferentes y exóticos del mundo, era siempre el mismo se casaban, eran felices, comían perdices y sus pueblos eran prósperos  en el colorín colorado.

En mi imaginación infantil solamente aparecía una princesa desgraciada  e infeliz al principio de la historia  y siempre porque había sido engañada en su infinita bondad. Nunca, en ninguno de los cuentos,  que yo recuerde se veía a una princesa en apuros y mucho menos cuestionada por sus ciudadanos. No se porque estos días con todo lo que  le está ocurriendo a la infanta Cristina he recordado aquellas historias. y desde luego no porque la realidad tenga algo que ver con la imaginación, y mucho menos con los sueños infantiles, sino porque me imagino el choque brutal contra la realidad que lleva  padeciendo  ella  desde que  surgió el escándalo Nóos.

Por mucho que imaginemos que los miembros de la familia real son gente normal  y de su tiempo es imposible hacer un paralelismo entre su vida y la  de cualquier mujer de su misma edad. Desde que nació y por derecho de familia ha tenido cubiertas todas sus necesidades, pero sobre todo ha tenido garantizado el aplauso y después de tantos años de admiración infinita, sonrisa de oreja a oreja, y halago fácil es muy difícil aceptar el reproche, el  abucheo  y la crítica despiadada, en ocasiones muy por encima  de la que tendría común de los mortales.

El 3 de abril de 2013 se ha grabado ya fuego la Historia de la monarquía española. Por primera vez un miembro de la familia Real, se va sentar con toda probabilidad en el banquillo de los acusados y eso no es cualquier cosa. Ha dicho el juez en su auto y ,con razón ,que no haber citado a la  Infanta como imputada hubiera supuesto un cierren falso de la instrucción  del caso " en descrédito de  la máxima de  que  la justicia es igual para todos". Resultaba  extraño que todos los miembros de esa sociedad hubieran sido imputados salvo uno: la infanta Cristina. Dicen algunos que todo esto es sólo pan circo e Infanta, pero yo no lo creo. Esto es el  resultado último de muchas cosas, de la sensación de impunidad que durante demasiados años tuvieron algunos, de los priviliegios que unos, por simple derechos sanguíneos, y otros ,por ocupar una cargo y una condición, creyeron poseer, de un absoluto descontrol de lo público, del abuso de poder y sobre todo de la magancia y el latrocinio a manos llenas.

Intuyo el calvario que esta pasando la Infanta y su familia estos días y el ejercicio de contención y autocontrol  que hará cada vez que  levanté su mano para saludar o simule una sonrisa de cara la galería. No me regodeo en absoluto con la idea de verla hacer el paseíllo como están haciendo algunos , pero en lo que otros ven una fabulación para acabar con la monarquía yo intuyo madurez democrática. Sólo una Democracia madura juzga por igual á todos  sus ciudadanos se apelliden como se apelliden y ostenten el título que ostente.Lo que hay que desear es que se haga justicia , que quien la hace la pague y que el espíritu  Montesquieu resista a la presiones que sin duda las habrá . Mientras tanto el príncipe Felipe esta pasando su prueba de fuego y, de momento, está a la altura de las circunstancias y dando la talla sobradamente. Su inequívoca defensa de la labor del poder judicial  y su alegato a favor de la independencia, cuando su hermana esta en tan delicados momentos,   es una prueba más de que no es un Príncipe de cuentos de hadas, sino de que pisa la realidad y eso es  fundamental para el futuro de la  Monarquía en España. 
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