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El tópico del fin de una época

El tópico del fin de una época

martes 09 de abril de 2013, 16:12h
José Luis Sampedro se había quedado con el decanato de los 'indignados', una vez que, no hace muchas semanas, falleció Stephane Hessel, el inspirador de la frase "indignaos", que tantos titulares y tantas vueltas al mundo (y tantos quebraderos de cabeza) provocó. El gran Sampedro, que tantas cosas buenas y otras tan polémicas -lo que no equivale, claro, a malas-hizo, le sobrevivió poco tiempo. Pero ambos pudieron ver el relativo declive de ese movimiento que propició las revueltas democráticas en el norte de Africa y las protestas contra el estado de cosas en la mitad del planeta, España incluida. Creo que la marea indignada fue, en su comienzo, un movimiento romántico, de protesta muy legítima: el ambiente se estaba volviendo irrespirable. 

Ocurrió, no obstante, que algunos intentos por hacerse con este proceso contribuyeron acaso a hacer aún más asfixiante el clima. La violencia es incompatible con cualquier forma de romanticismo, con la utopía, con el afán por dejar el mundo un poco mejor a nuestros hijos. Estoy seguro de que el casi centenario Hessel y su coetáneo Sampedro,  que tantas cosas vieron en sus largas vidas, pensaban lo mismo. 

Me hablarán ahora de que las dos muertes, que algunos quieren contraponer con la de otra inconformista, pero a su muy distinta manera, Margaret Thatcher, indican el fin de una era. Las 'sentadas' en la Puerta del Sol, las pintadas ingeniosas y llenas de humor -y de amor-han quedado sustituidas por eso que se designa con la horrible palabra de 'escrache'. Yo creo que siempre que se habla, aprovechando que alguien que modificó tantas cosas moerales ha muerto, de fin de una época, se cae en el tópico.

A Sampedro, a Hessel ,y a la Thatcher, y, ya que estamos, a Sara Montiel, y qué sé yo a cuántos más que nos han ido dejando con el fin del invierno, habrá, claro, quien les llore. Cada figura histórica tiene sus seguidores en el adiós lacrimoso. Pero muy pocos pueden vanagloriarse, desde el más allá, de haber encarnado nada menos que el final de una época. La nuestra es revolucionaria, en el sentido de que se están poniendo en tela de juicio muchos valores que parecían asentados; pero, para mí, la desaparición de figuras que encabezaron tendencias es solamente -y nada menos-el pregón del gran movimiento telúrico por venir, aunque a saber por qué caminos se abrirá la tierra bajo nuestros pies. Lo único que yo puedo certificar es que Sampedro, Hessel y, a su modo y en su momento, gentes como la Thatcher, lo que hicieron fue demostrar que así no se podía seguir. Y, en verdad, no se podía: Por mucho que esa inmensa mayoría de siempre, conducida por los pastores de siempre, esa mayoría en la que seguramente también nos encontramos usted y yo, se empeñase, se empeñe, en lo contrario: en que muy poco debe cambiar para que todo siga, y eso es precisamente lo que Sampedro no quería, igual. 


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