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Villar del Río

Villar del Río

domingo 08 de septiembre de 2013, 13:01h
Villar del Río es el pueblo por donde pasa la caravana de americanos en "Bienvenido Mr. Marshall", rauda como una cabalgata de Reyes Magos con los camellos guarnecidos con anteojeras para no ver a los vecinos en las cunetas con el gesto de haberse quedado sin caramelos. Y con la misma cara de desilusión colectiva nos hemos quedado tras el fiasco del Madrid olímpico 2020. No nos engañemos, es culpa nuestra, un atavismo infantil relacionado con esos personajes mágico-mitológicos llegados desde el Polo Norte o el exótico Oriente para hacer realidad todos nuestros sueños.

Tal vez por eso seguimos soñando con ese golpe de suerte que solucione con su varita mágica nuestros problemas económicos, por eso el 92,4% de los españoles de 18 a 75 años asegura haber apostado en alguna ocasión, y si en el 2009 era la mitad (49,4%) la que afirmaba jugar de modo habitual con la crisis ese porcentaje ha subido al 63.8%. Los jugadores subestiman las cantidades apostadas, y creen haber jugado una media de 22 euros al mes, cuando en realidad juegan 40 euros, tarín barín. Autoengaños.

No es ni siquiera cierto afirmar que unos Juegos Olímpicos son el gordo de una lotería. Madrid hubiera tenido que invertir, reconocidos, 1.586 millones de euros, de ellos casi 915 financiados íntegramente por la ciudad de Madrid que ya está bastante endeudada. Atenas 2004 dejó un cañón de 7.000 millones de euros a pagar por el maestro armero. Y eso son casi los 8.000 millones de euros que ya debe el Ayuntamiento de Madrid sin necesidad de entramparse aun más. Porque al final, como con las cuentas de la lotería apostada por cada español, no son 22 euros ni 1586 millones, sino el doble. Los Juegos hubieran sido como los autoengaños de ese jugador compulsivo repitiendo lo de la mala racha, presintiendo un golpe de suerte y doblando la apuesta con dinero prestado hasta que le rompen las piernas en un callejón sin luz.

El pensamiento mágico nos está costando muy caro, y permea la sociedad española desde Cataluña, donde sueñan con una independencia providencial que por birlibirloque les convierta en Suiza hasta los ensueños de Zapatero conjurando la crisis con el mantra de negarla pasando por tantos deportistas celtibéricos adictos a los productos milagro de Eufemiano Fuentes para lograr el éxito sin mucho esfuerzo. Al final todo tiene un precio y las desilusiones son proporcionales a la cantidad y altura de los castillos erigidos en el aire. O como dicen los ingleses, castillos en España, allá por Villar del Río.

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