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Nacionalismos y nacionalismos

Nacionalismos y nacionalismos

jueves 12 de septiembre de 2013, 12:46h
Una falacia propagada por muchos nacionalistas es afirmar la igualdad y simetría entre todos los nacionalismos, ya sean el británico y el escocés, el italiano y el de los padanos o el español y el catalán.

No, no todos los nacionalismos son iguales, aunque todos usen el patriotismo como refugio del canalla, se disfracen con banderas, canten himnos, desfilen o se alineen en manifestación, repitan consignas y sean una máscara más de la realidad para potenciar las penas y alegrías del individuo, como decía Agustín García Calvo que hacía la literatura. Literatura; eso es una verdadera patria, añadiría yo, sin menoscabo de ningún derecho ajeno.

Desde un punto de vista moral hay una diferenciación cualitativa entre unos nacionalismos y otros. Todos limitan los derechos a los ajenos a la tribu, pero mientras los menos agresivos se limitan a privar del voto o del derecho al trabajo, o la residencia, los más radicales llegan a privar del derecho a la vida a los definidos como extranjeros.

Pero hay también una diferencia moral cuantitativa en relación al número de personas afectadas. Hay nacionalismos centrípetos como el unificador de Italia, dando los mismos derechos a la mujer del campesino siciliano y a la rica industrial de Turín. O un paniberismo siguiendo el sueño de Saramago y su "Jangada de pedra" para unir a portugueses con catalanes y a vascos con andaluces, todos disfrutando de los mismos derechos y compartiendo de manera solidaria la riqueza generada por todos. El mismo espíritu originario que insufló el ser a la Unión Europea

Hay también un nacionalismo estático, de no "tocallo ni meneallo", de dejar las cosas como están, y suele ser el nacionalismo más conservador y tradicional, el reacio a ceder soberanía, aunque sea a instancias superiores y el más alimentado por el miedo al cambio.

Y hay un tercer nacionalismo desde ese punto de vista cuantitativo; no tiene miedo al cambio, pero es temerario al lanzarse de cabeza desde un balcón a una piscina sin saber si hay agua; sólo porque alguien le ha dicho que está llena. Es el nacionalismo secesionista, el peor desde esa perspectiva moral; pretende anular los derechos de quienes eran sus conciudadanos hasta el momento de la fragmentación. Son lituanos marginando a los rusos, los checos a los eslovacos, los escoceses declarando a los demás británicos extranjeros, los padanos de Turín negándose a compartir sus riquezas con el campesino siciliano o los nacionalistas catalanes. Su derecho a decidir obliga a quien no lo quiere a escoger una identidad excluyente y optar entre dos nacionalidades, pero, y este "pero" es el eje del asunto, una de las cuales le va a privar de derechos en un territorio donde antes los podía ejercer libremente.
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