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Poesía en el suburbano

Poesía en el suburbano

lunes 30 de septiembre de 2013, 08:08h

Un día cualquiera en Madrid. Trasiego de gentes, prisas, tráfico, viandantes serios y concentrados, algunos con una bolsa en la mano, como inequívoco signo de que esto de la crisis no va tanto con ellos. Voy a un centro oficial y, como ando un poco mal de tiempo, decido tomar el metro, fórmula ideal de eludir el más que previsible atasco.

Una vez bajo tierra el otoño madrileño se disuelve entre aires subterráneos aún no suficientemente viciados y en la perplejidad de enfrentarse lo mismo a una camisa de tirantes que a un traje de chaqueta porque el frío que SE siente no parece ser el mismo para todos los viajeros. De pronto, surge la sorpresa, en medio del vagón, instantes después de cerrarse las puertas para permitir la salida y la entrada de usuarios en la línea 9 del suburbano madrileño. Un joven veinteañero, normalmente vestido, eleva su voz por encima del murmullo apagado del vagón y, en lugar de rasgar una guitarra, o poner una base electrónica musical para cantar algo, sencillamente recita un verso propio:

"... Pero inconsciente busco una mano en la hierba,

un apretón verde, una frazada de hojas,

o aunque sea, un abrazo de tierra

que caliente el pasar de las horas.

Pero son bancos, son césped,

son Madrid, son ceniza y arena para gatos..."

No puedo resistir la tremenda curiosidad que el joven ha levantado en mí y, en lugar de la moneda, le tiendo una tarjeta con mi móvil y mi dirección de e-mail. Este chico merece que se sepa algo más de él, me digo.

- "Escríbeme, por favor. Quiero ayudarte", le espeto, sin que el hombre sea capaz de reprimir su sorpresa.

Nunca dudé que lo haría. Hoy sé mucho más de José Centeno, el joven poeta que, además, es muchas otras cosas. Las más evidentes, estudiante de Filosofía y Física a distancia en la UNED. Escritor con ánimo de evitar la intermediación de las editoriales y que, por tanto, ha decidido vender directamente sus dos novelas ("Más allá del odio" y "El gran teatro de la noche") y una tercera en desarrollo, todavía sin título. Pero José, además de escribir novela y poesía, tiene también en su haber algunos ensayos de carácter filosófico. Todo ello está intentando reunirlo en una web que él mismo quiere construirse pero que, a fuer de hiperactivo, no encuentra el momento de ponerse manos a la obra.

A uno, modestamente y con permiso previo, claro está, no se le ocurre otra forma de apoyar a José que hacer su caso un poquito más público con la remota posibilidad de que algún editor sea capaz de cambiarle el criterio, y que el joven sepa admitir que siempre pueden más cuatro manos que dos. Y para que ese hoy desconocido editor no pierda la paciencia buscando en internet cuatro cosas más sobre José, lo mejor es que se dirija a él "de frente y por derecho" -como diría un taurino- a esta dirección de correo: [email protected]

Y, si usted recorre habitual u ocasionalmente las líneas 1, 6, 9 y 10 de metro, cualquier día laboral, entre las 10 y las 14 horas, puede encontrarse con él. Seguro que José ya ha echado por tierra su estereotipo de jóvenes y menos jóvenes que, a diario, se buscan la vida como pueden, incluso recorriendo estación tras estación, vagón tras vagón, con el ánimo de sacarse unos euros que le permitan seguir viviendo dignamente aunque, a veces, puedan ocasionar con ello alguna pequeña molestia.

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