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El 'efecto Rivera'

El 'efecto Rivera'

lunes 28 de octubre de 2013, 13:58h
Acudí, porque me invitaron, el sábado al primer acto en Madrid de ese 'Movimiento Ciudadano' que animan, sobre todo, el líder de Ciutadans, Albert Rivera, y el ex ministro socialista Antoni Asunción. Me declaro un mirón profesional que ha conocido demasiadas cosas de la política y los políticos como para sentir el más mínimo entusiasmo por ninguno de ellos; comparto plenamente la desazón de la mayor parte de la ciudadanía hacia eso que se llama 'clase política' y, cuando ves algunas actuaciones del Gobierno, de las oposiciones y de los nacionalistas (lo de Artur Mas es de aurora boreal), el desánimo aumenta. Me da la impresión de que Albert Rivera viene como de refresco, y el hecho de que Asunción haya sido uno de los poquísimos ministros que ha dimitido, por entender que había cometido un fallo, también resulta, pese a que el ex socialista no es precisamente nuevo, como un soplo de esperanza.

Tiene el dirigente de Ciudadanos un lenguaje nuevo, predica reformas que todos queremos (aunque los demás también las predican...cuando no gobiernan), anda por ahí sin chofer, ni jefes de Gabinete, no frecuenta hoteles de cinco estrellas, se pone al teléfono cuando le llaman y, en general, dice cosas lógicas, sin atenerse a postulados rígidos de izquierda ni de derecha, aunque -y sé que esto no le gustará leerlo-tengo para mí que está más próximo a esta última que a la primera. Al menos, la gente que yo ví atestando inopinadamente un acto político en un lugar periférico, y encima un sábado por la mañana, me pareció instalada más en posiciones conservadoras templadas que en disconformidades por venir. Vamos, que a mí me parece que los que concurren a este embrión de opción electoral están más desengañados de lo que no hace el PP que de lo que dice que va a hacer el PSOE. 

Y, de nuevo, pensé en el sinsentido de que un movimiento ciudadano como este, que tan buena acogida ha encontrado en Cataluña, no se haya fusionado aún con el PP catalán, mal dirigido por una Alicia Sánchez Camacho que ni encuentra su sitio ni su lenguaje y que ha cometido ya varias equivocaciones de bulto. Y, si se me apura --¿qué será de mí cuando la irascible, pero válida, Rosa Díez lea esto?--, tampoco entiendo muy bien que UPyD no haya llegado a algún acuerdo electoral con esta formación flamante, que me parece que tiene vocación de presentarse en toda España, o al menos es lo que traslucía del acto del sábado. Porque algo tienen, todos ellos, que hacer.

En todo caso, una constatación absoluta: algo está pasando en el mapa clásico de los partidos en España. No sé si es el fin del bipartidismo o simplemente el fin de 'este' bipartidismo, pero las cosas no pueden, no deben, seguir como están.

- El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'>>
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