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La Historia, que viene, maldita, a golpearnos

La Historia, que viene, maldita, a golpearnos

viernes 22 de noviembre de 2013, 12:33h
Asistí a la bastante multitudinaria presentación, en el Congreso de los Diputados, del libro de memorias de Fernando Álvarez de Miranda, 'La España que soñé; reflexiones de un hombre de consenso'. Pienso que no se trata de otro libro de memorias al uso, de los bastantes que estos días proliferan, escritos por gentes que fueron, sin duda, importantes (Felipe González, Aznar, Zapatero, Solbes, Guerra, Bono...), y que aún lo son. Pero todos estos ex, que llegaron a lo más alto del escalafón político, aún tienen cosas que defender, aspiraciones que cumplir y trayectorias que maquillar, dicho sea con el menor ánimo peyorativo posible. Por ello, lo que nos dicen en sus libros debe ser analizado con pinzas y microscopio: las historias que nos cuentan no forman, por tanto, parte de la Historia con mayúscula, porque ellos son aún parte del juego y deben someterse al maquillaje que imponen los focos.
 
Y ese no es el caso del octogenario Álvarez de Miranda, que fue muchas cosas -presidente del Congreso de los Diputados, entre ellas-, pero en cuyo currículo político lo más destacado es, a mi juicio, su decisiva intervención para facilitar el nacimiento de esa Unión de Centro Democrático que pilotó la transición del franquismo a la democracia (a mi juicio, no demasiado perfecta) que hoy tenemos. Claro, son muchos los españoles que ya no saben quién era, en su más profundo significado, Franco, ni quiénes los que, como Álvarez de Miranda, desmontaron aquel régimen dictatorial y cruel. Pero a estos últimos -dos personalidades de la extinta UCD, el actual presidente del Congreso y el actual ministro de Exteriores, flanqueaban al autor en la presentación-no se les debe solamente agradecimiento, en lugar del presente semi-olvido; es que marcan un ejemplo.
 
Porque ahora, cuando nos asomamos a lo que yo pienso que es una segunda transición hacia una nueva realidad democrática, económica, política y social, hay que tener muy en cuenta aquellos ejemplos aportados por una clase política -Adolfo Suárez al frente-que, con valentía, supo romper lo que estaba 'atado y bien atado' y dar no pocos pasos en una dirección que, durante cuarenta años, se nos había negado a los españoles.
 
Creo que somos muchos los que, ahora y aquí, anhelamos una España como la que quisieron Fernando Álvarez de Miranda y otros soñadores que aceptaron encargarse de la marcha del Estado para hacer esa revolución silenciosa que consiste, como dijo Suárez, en cambiar todas las cañerías mientras levantas nuevas paredes, y todo ello sin que se te derrumbe el edificio.
 
Ahora, nadie quiere, parece, hacer ese cambio de cañerías que comenzaría a modernizar la casa, nuestra casa: la mera suma de los cambios, sin un gran proyecto moral regeneracionista en el horizonte, no constituye el gran Cambio que hace tanta falta como el oxígeno que respiramos. Y, así, la Historia que escribieron con sus hechos los Suárez, Álvarez de Miranda, Landelino Lavilla, Oscar Alzaga, Rodolfo Martín Villa y también, por su lado, los Carrillo y el primer Felipe González, aquel a quien llamaron 'Isidoro', viene ahora, maldita, a golpear nuestras conciencias, reprochándonos no ser capaces de agarrar el timón con la misma firmeza de entonces y hacer que el barco vire, lejos de la escollera.


- El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'>>
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