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¡Asesinos!

¡Asesinos!

martes 26 de noviembre de 2013, 14:19h
Un total de 700 mujeres han sido asesinadas en España, en la última década, por sus parejas o exparejas. Esto significa  una media de setenta homicidios cada año, desde que en 2003 se empezó a hacer una estadística con precisión. Según el Centro de Investigaciones Sociológicas  más de 600.000 mujeres cada año, son víctimas de algún tipo de violencia machista, aunque menos de la cuarta parte lo reconocen abiertamente . También 840.000 niños y niñas padecen  la violencia que se ejerce sobre sus madres y más de medio millón son maltratados directamente.

¿Cómo reaccionaría la sociedad si en vez de mujeres y niños las víctimas fuera jueces, periodistas o políticos? ¿qué diríamos si al año se asesinará a setenta profesionales cualificados de cualquier sector o colectivo influyente. ¿La alarma social sería inmensa y aunque es cierto que nos hemos dotado de leyes para combatir este terrorismo doméstico algo falla cuando, lejos de disminuir, las víctimas siguen aumentando y cada vez son más jóvenes.

Yaneth, arrojada desde un segundo piso por el que era su novio en la localidad malagueña de Fuengirola el 7 de enero de 2003 fue  la primera  de una estadística poblada de historias terribles y sangrientas de mujeres cuyo único rasgo en común es precisamente su condición  de género. Ella tenía 28 años, era extranjera. La mujer asesinada  el pasado sábado en la localidad conquense de Villanueva de la Jara, la última en ingresar en  esta macabra lista, era española, rondaba los 40 y tenía dos hijos pequeños. Está claro que  la violencia machista. no conoce de clases sociales, ni depende de  niveles intelectuales  culturales o  educacionales. La pregunta es ¿por qué en una sociedad avanzada se siguen produciendo casos terribles? Y la respuesta es que esto no sería posible sin grandes complicidades y  cómplices los hay a todos los niveles. 

Son cómplices estos asesinos las familias  y los amigos, incluso los vecinos o compañeros de trabajo que callan o miran hacia otro lado cuando empiezan a sospechar lo que está ocurriendo. Somos cómplices los medios de comunicación cada vez que recogemos  testimonios que definen a estos asesinos como vecinos ejemplares. Son cómplices los jueces cuando no dictan sentencias ejemplarizantes, no actúan de oficio cuando se retiran las denuncias o minimizan estos casos.

Sabemos perfectamente que los asesinos  son  camaleónicos  animales peligrosos que se transforman adaptándose perfectamente  para sobrevivir  en su medio natural. Fuera del hogar  dan la impresión de ser personas de bien, buenos vecinos, educados y correctos,   pero  de puertas adentro en su casa son  peligrosos depredadores, capaces de  acosar y hacer un daño infinito a quienes les rodean. De lo que se trata es de desenmascararles, y, señalarles con el dedo acusador  y si las víctimas son incapaces de decir " no " porque están aterrorizadas, ha de ser la gente más próxima quienes les delaten.

Si los asesinados o maltratados  fueran jueces de prestigio, periodistas o conocidos políticos los asesinos estarían desde el minuto uno bajo rejas y todo el mundo les daría la espalda. El tema pues no es que el hecho sea distinto,   sino que las víctimas lo son  porque son mujeres aterrorizadas y niños indefensos y ¡claro, que en este tema si hay víctimas de primera o segunda.

Algo hemos hecho mal, muy mal cuando cada vez las víctimas son más jóvenes o cuando el acoso a través de las nuevas tecnologías  se está extendiendo como la peste. El machismo en  el watt o en los SMS  utiliza las mismas palabras de siempre "zorra", "puta " y las amenazas también nos resultan muy conocidas "te voy a matar", "no vas a poder salir a la calle". ¡Claro, que tres de cada cuatro jóvenes sigue pensando que los celos son una  expresión de amor y los primeros malos tratos solo una muestra más de cariño. ¿En qué nos estamos equivocando para que esto sea así? O enseñamos a nuestras hijas a decir "no" y a nuestros hijos a denunciar a los acosadores o cualquier día ellas serán un número más de esta dramática estadística y ellos quienes protejan o sean los maltratadores. ¡Basta ya!
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