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¡Están crecidos!

¡Están crecidos!

martes 26 de noviembre de 2013, 20:52h
"Las fuentes de la prosperidad social nacen todas de la Instrucción Pública. Ella es la que las descubrió y a ella están todas subordinadas. Ella es la matriz, el primer manantial que abastece esas fuentes. Abrir todos sus senos, aumentarla y conservarla es el primer objeto de un buen Gobierno; es el mejor camino para llegar a la prosperidad. Con la Instrucción todo se mejora y florece; sin ella todo decae y se arruina en un estado."

Están crecidos; nos dirigen y están crecidos. Nadie se va, nadie dimite, nadie va a ser cesado. Nos mienten en sede parlamentaria y se enzarzan en enjundias de aparente gran calado frente a los medios, pero luego son compadres en la taberna.

Los unos han disuelto lo más valioso -sanidad, pensiones y educación- porque ni cumplieron su programa -¡Programa, programa, programa!- ni intentaron negociar a nuestro favor en Europa y como no podían devaluar la moneda, como sugería entre otros Obama, nos devaluaron la vida.

Ahora, ya cambiado el modelo económico -no me digas que no has notado la súbita aparición de decenas de spots en TV ofreciendo Planes de Jubilación privados- se avanza sobre lo jurídico y lo social. De un lado y de otro andan tan ensimismados que no se dan cuenta que ya no son parte del problema si no el problema mismo.

Los otros siguen mirándose el ombligo y tras anunciar "El PSOE ha vuelto", como si regresaran del Éxodo sin recordar que ni el mismísimo Moisés alcanzó la Tierra Prometida, van y nombran Heredera de todas las Herederas a la Presidenta por Accidenta que solo pasó por las urnas en 1999 para ser elegida concejala de la alcaldía de Sevilla y que lleva en la Granja del PSOE ía ía o desde sus 22 años: nunca ha trabajado fuera de la política. ¿Cómo puede la gran esperanza blanca salir de dedazo tan descomunal?

Si seguimos haciendo lo mismo que hemos venido haciendo hasta ahora, seguiremos cosechando lo mismo que hemos venido cosechando hasta ahora. Desengañémonos, la solución no va a salir de este parlamento ni de ningún político que provenga de las mismas fuentes.

Necesitamos una nueva Ética y un nuevo Amador, quién sabe si hasta un nuevo Nicómaco. La mejor solución es apostar por un gobierno que establezca un sistema educativo real, moderno y eficaz del que salga una generación suficientemente capaz, consciente y preparada como para redefinir de verdad el sistema español y dar cumplida solución a cada uno de nuestros problemas. Nuestra aportación debe ser crear las condiciones educativas y formativas necesarias para que aparezcan líderes capaces y darnos cuenta de una vez por todas que nosotros, los de ahora, no vamos a solucionar nada con una mochila llena de piedras viejas.

Creer que entre los que hoy son o están en la primera, segunda y hasta tercera línea política van a hacer lo que necesitamos como país y como sistema es naïf. Ni nos pondremos de acuerdo ni seremos capaces de dejar a los limosneros sin su rentabilísimo pesebre, ya se encargarán ellos . Además, aunque uno de entre nosotros se alzara y lo intentara, los demás no le dejaríamos por falta de confianza: si fuere neófito será un salvapatrias; si joven, falto de experiencia; si viejo, inmovilista; si del PSOE pues del PSOE y si del PP por del PP. Y las nuevas iniciativas, UPyD y Ciudadanos, ni acaban de cuajar, ni acaban de ser creíbles ni acaban de ser nuevas y, por ello, renovadoras. 

Volvamos al primer párrafo. Lo escribió Jovellanos hace 200 años. Un reparto distinto del presupuesto pondría el acento sobre la preparación de las personas. Alemania, Francia, Inglaterra, EEUU lo descubrieron en los días en que Jovellanos, preso, concibió su Memoria sobre Educación Pública. Weimar diseñó la que hoy sigue siendo una de las redes más exitosas de colegios y universidades públicas de Europa.

Nosotros rechazamos las Luces en su Siglo y abrazamos el siguiente al grito de Vivan las cadenas. Nos toca darnos cuenta de lo importante que es para nosotros en nuestro devenir diacrónico hacer un esfuerzo, el más grande que hayamos hecho, para producir dos generaciones de españoles realmente bien preparados. Ellos tendrán un mandato y una misión: hacerlo bien.
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