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El Parlamento, de fiestas navideñas

El Parlamento, de fiestas navideñas

domingo 08 de diciembre de 2013, 11:46h
Dicen que España es un país con gran actividad parlamentaria. Jamás estuve de acuerdo, y he mantenido algunos rifirrafes con diputados y senadores por sostener precisamente lo contrario: que las vacaciones parlamentarias, establecidas constitucionalmente, son demasiado largas, que la actividad del diputado de a pie -no hablemos ya de los eurodiputados-es demasiado escasa y que tanto este punto como los propios reglamentos, y no digamos ya el funcionamiento global de la Cámara Alta, deberían haber sido legalmente reformados hace mucho tiempo. Ahora, hemos entrado en diciembre, un mes sesteante en la Carrera de San Jerónimo si no es para propiciar esos pequeños encuentros navideños entre los grupos parlamentarios y los periodistas que por allí andamos de cuando en cuando; e incluso tales encuentros se ven afectados por la crisis, que está haciendo desaparecer hasta las felicitaciones de Navidad.

 La 'temporada navideña' se inicia habitualmente con la 'copa' que el presidente del Congreso ofrece con motivo del aniversario de la Constitución, que suele ir precedida de esas 'jornadas de puertas abiertas' en las que la gente hace cola para ver -también esto ha cambiado-- los agujeros de las balas del 23-F en el techo del hemiciclo. Este año, también esas colas se han reducido, quién sabe si porque los trabajos de remodelación del edificio se han llevado por delante los agujeros 'auténticos', o porque el Parlamento no está de moda, o porque la buena gente está harta de política. Y, sin embargo, nunca fue el Parlamento, un Parlamento dinámico, actualizado y con sentido de la actualidad, más necesario que ahora.

 Ignoro qué ocurrirá esta semana con las peticiones socialistas para que los titulares de Hacienda e Industria acudan cuanto antes a la Cámara para explicar cosas como sus roces respecto a la reforma energética o lo que sucede con el incendio en la Agencia Tributaria, pero tengo la impresión de que sus comparecencias se van a retrasar algunas semanas, dado que enero tampoco es período hábil para el pleno funcionamiento del Legislativo. Así que Cristóbal Montoro puede librarse de explicar a fondo y de manera convincente qué diablos está ocurriendo con la inspección de Hacienda en este país, en el que siempre existe la sensación de que, quien hace la ley, hace la trampa. Y no olvidemos que está ahí, aplazada para comienzos de 2004, una nueva reforma fiscal, que Rajoy ha prometido impulsar y poner en marcha dentro de no muchos meses.

 No olvidemos que lo que está en juego, tanto con las tarifas eléctricas como con la idoneidad y pureza de la inspección de Hacienda, es la seguridad jurídica de los españoles. No pueden los ciudadanos quedarse con la sensación de que una cementera mexicana, o una petrolera de la misma nacionalidad, o una infanta del Reino, por poner algunos ejemplos, son más impunes e inmunes al largo brazo el fisco que el simple mortal que pasea por la calle. Y no debe olvidar el Gobierno de Rajoy que fue precisamente esa inseguridad jurídica lo que, por encima de otras consideraciones, precipitó la caída en picado del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, inmerso, lo estamos viendo en esta época en la que se publican las 'memorias', o desmemorias, de algunos, en serias controversias internas. Como sospechamos que está ocurriendo también en el Ejecutivo que preside Rajoy, a quien hay que elogiar, en todo caso, su independencia frente a poderes económicos y presiones mediáticas o de otro tipo, y a quien hay que criticar que no propicie ya mismo una remodelación ministerial. 

En este contexto, es importante evitar la sensación de que producen 'purgas' arbitrarias en Hacienda, o de que se maltrata innecesariamente al consumidor o a la industria eléctrica. Por poner, ya digo, apenas dos casos sobre el tapete. Y eso solamente se puede producir a través de la luz y los taquígrafos propios de la vida parlamentaria, que es la que proporciona al ciudadano la sensación de que existe transparencia y cierta participación del pueblo, representado al menos teóricamente por sus diputados y senadores, en la cosa pública. Escapar del Parlamento es, por tanto, lo mismo que escapar del llamado 'cuarto poder', un mal asunto, desde el punto de vista del perfeccionamiento democrático. Y esa, la de que se hurtan los grandes temas al debate parlamentario, y no digamos ya a la fiscalización de los medios, es la sensación que me parece que empieza a cundir en la calle. Quizá por eso las colas disminuyen en las jornadas de 'puertas abiertas'. Quizá también por eso, 'inter alia', esas terribles calificaciones que nos aportan, mes tras mes, las encuestas cuando valoran a esa casta que ha dado en llamarse ' 'clase política'.

- El blog de Fernando Jáuregui: 'Cenáculos y mentideros'>>
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